04
Nov
13

Cristóbal Colón

REVISIONISMO

Cristóbal Colón y la esclavitud

escribe: Alfredo Cárdenas Cruz

Los homenajes a Cristóbal Colón el 12 de octubre se han desdibujado en Latinoamérica a partir de 1992, aunque ya eran cuestionados a mediados del siglo XX.

La primera fiesta colombina de 1892 introdujo conceptos de “patria espiritual” o “madre patria”; de ese modo, España buscó hegemonía cultural en su tarea hispanista, cuando sus nostalgias imperiales eran solo rasgos lingüísticos en la región.

El primer testimonio de un esclavo que aparece en la historia fue el de Olaudah Equiano (1750) capturado en Gambia -según Hugh Thomas (1998). Los africanos también habían creado supersticiones acerca de los conquistadores y pensaban que los europeos eran caníbales en sus creencias, y que el vino que bebían los tripulantes de los barcos era la sangre de negros cautivos; el aceite de la mesa eran grasas que extraían de otros negros o que el queso de olor fuerte, que el comandante merendaba en su cabina, era cerebro de esclavos. Por ello, Olaudah Equiano se interrogaría: “Si los tripulantes ‘No tenían país’. Si vivían en aquel lugar vacío. No tenían mujeres y, si las tenían ¿dónde eran? ¿Cómo navegaba aquella casa?”.

En relación al esclavismo, el primer presidente keniano, Komo Kenyatta, dijo: “Cuando los blancos llegaron, nosotros teníamos la tierra y ellos la Biblia; nos enseñaron a rezar con los ojos cerrados, cuando volvimos a abrirlos, nosotros teníamos la Biblia y ellos la tierra”.

La tarea esclavista que iniciaron los portugueses alumbró los ambiciosos ojos del navegante Colón. La conquista americana significó una contradicción espiritual y material, un golpe doloroso para América que se introducía en el mundo político, como parte de la historia clásica: la civilización era Europa, el resto era salvaje y pagano. Esto era el principio de una separación del mundo entre buenos y malvados, inteligentes y subnormales o justos y culpables. Casi paralela a la conquista, Nicolás de Maquiavelo escribió El Príncipe (1513), que era el precedente teórico de la ciencia política, porque desveló los mecanismos y motivaciones de los agentes políticos en el desplegamiento del poder. Al mismo tiempo el Estado moderno nacía con estos ingredientes: la mentira y el mito son instrumentos conscientes seudo-legítimos que se ponen al servicio de la acción de gobierno y de intereses particulares. La política y la religión serían pretextos y unas herramientas más del poder.

Cristóbal Colón en sus cartas con los reyes católicos entre 1493 y 1503 procuró comenzar el comercio esclavista, que los reyes dieron por bueno, así contestaban desde Madrid a Colón, el 12 de abril de 1495: “Cerca de lo que escribisteis de los indios que vienen en las carabelas, parécenos que se podrán vender allá mejor en esta Andalucía que en otra parte” –como afirmó Richard Conetzke, pero al entrar en contradicción con la sede vaticana, se retractaron, pero a petición de Colón y, posteriormente, de Hernán Cortés, se estableció el esclavismo de los rebeldes y las encomiendas se desplegaron como deslegitimación de los indígenas a quienes acusaban de infieles, sodomitas y caníbales.

Antes de su viaje a América, Colón estuvo en África (islas Madeira y Cabo Verde) donde fue testigo de los precios que alcanzaban los esclavos (8.000 maravedíes) y él propuso a los reyes españoles que los americanos podrían cotizarse entre 1.500 y 1.800 maravedíes. El primer cargamento de esclavos no fue desde Europa o África, sino desde América. En 1495, Colón envió con Antonio de Torres alrededor de 500 indígenas y en 1496, el Almirante portó 30 más y los vendió a 1.500 maravedíes por esclavo. En 1499, Américo Vespucio y Alonso de Ojeda llevaron 232 esclavos indígenas. Colón además se encargó de cobrar los 10.000 maravedíes, el sueldo anual de un marinero, que la corona ofreció de recompensa al primero que viese “Tierra”.

El famoso Rodrigo de Triana que figura en los textos históricos actuales no existió: Alice Bache Gould lo demostró en su Nueva lista documentada de los tripulantes de Colón en 1492 (1984). Ella desveló que Juan Rodríguez Bermejo fue realmente quién avizoró la isla Guanahani (en Las Bahamas), pero Cristóbal Colón lo apartó de toda conquista y lo despojó de 10.000 maravedíes, que fue la recompensa, el sueldo que un marinero de la época ganaba en un año. Rodríguez Bermejo desapareció de la historia oficial gracias al almirante Colón.

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