08
Oct
13

El Popular de Uruguay, semanario/diario

Los trabajadores como medida de los cambios

 
 
 En el editorial anterior calificábamos la situación nacional como de agudización de la lucha de clases. Decíamos también que esta tenía una expresión central en los Consejos de Salarios pero que en un sentido más amplio y político se resumía en el enfrentamiento de los dos proyectos de país.
Los sucesos de esta semana transcurrida entre un editorial y otro nos afirman en esta caracterización, que como siempre no responde a un afán sociológico, y menos a un regodeo intelectual vacuo. Caracterizar correctamente la situación es imprescindible para definir el nudo central que debe ser desatado para resolver las contradicciones, reales, inocultables, en una sociedad dividida en clases como esta en la que vivimos.
¿Esto implica restarle importancia al resto de los acontecimientos nacionales e internacionales? De ninguna manera. Pero es imprescindible definir el eje donde concentrar los esfuerzos, la lucha, la atención y eso necesariamente implica, analizar la globalidad de los hechos, cuanto más global sea el análisis mejor, y consecuentemente jerarquizar las contradicciones e intereses contrapuestos.
 
El mundo y la comarca
 
Es de enorme importancia la crisis política en EEUU que paraliza al gobierno federal y lo que es más trascendente aún, coloca a la principal potencia imperialista al borde del default de su gigantesca deuda externa, la más grande del mundo, que ronda los 16 billones de dólares. Lo es también la dilucidación de la crisis en Siria y Oriente Medio, la intervención rusa y el repudio mundial al anuncio de EEUU de un ataque, parecen haber alejado los vientos de guerra, pero eso está lejos de estar resuelto. En todo caso todo muestra una profundización de la crisis del capitalismo tanto en EEUU como en Europa y augura por lo tanto un recrudecimiento de las medidas de ajuste contra los pueblos y mayor agresividad, sobre todo de EEUU. Para muestra basta un botón dicen: la ofensiva contra Venezuela, con expulsión de diplomáticos y tensión creciente, lo es.
En nuestro país el aumento de los precios de productos de primera necesidad y de servicios básicos, unido al mantenimiento de tendencias inflacionarias, son un elemento de preocupación cierto y considerable. También lo es el nuevo escenario de tensión con Argentina provocado por la ampliación de la producción de UPM, en un sentido doble: por los obvios problemas económicos que puede traer para nuestro país, pero especialmente, porque debilita la perspectiva estratégica de la unidad latinoamericana y la integración regional.
 
Los dos proyectos de país 
 
Todo lo anterior es importante y concita el interés y la atención de los grandes medios de comunicación, y a la vez, se transforma en el eje del debate público.
A ello hay que agregarle, como sosteníamos la semana pasada, que todo ello se da en el medio de una ofensiva política e ideológica del bloque de poder, a través de sus expresiones sociales, políticas y mediáticas, que busca frenar los avances populares, recuperar espacios y fundamentalmente imponer su utopía reaccionaria y su restauración conservadora, desplazando al Frente Amplio del gobierno y recuperando el mismo para sí.
La utopía reaccionaria se manifiesta sin tapujos en el planteo de la Asociación Rural, la Cámara de Industria, la Cámara Mercantil de Productos del País y la Cámara de Comercio en los Consejos de Salarios. Pocas veces lo explicitaron con tal brutalidad. No solo no están dispuestos a negociar nada, quieren volver atrás, no quieren negociación colectiva, no quieren recuperación de salarios, no quieren libertades sindicales, no quieren mayor seguridad, en realidad no quieren sindicatos.
Las gremiales patronales mienten y saben claramente que mienten. Nunca les ha ido tan bien. Nunca han ganado tanto. Lo que ocurre es que no están dispuestos a ceder ni un centímetro más, y sobre todo, no están dispuestos a que el movimiento sindical siga fortaleciéndose y demostrándole a los trabajadores que con organización y lucha se conquistan derechos y se alumbra un horizonte de transformaciones superiores.
 
Los trabajadores
 
Las patronales, los medios que les responden, mejor dicho que les pertenecen, y los partidos políticos que las expresan, el Partido Colorado y el Partido Nacional, tienen muy claro el papel de los trabajadores en la posibilidad de sostener los avances logrados por el movimiento popular y el Frente Amplio y en su continuidad o no.
Por eso atacan como atacan, cada día, desde todos lados, al movimiento sindical. Por tomar solo el ejemplo de estos últimos días: en los editoriales y en varias columnas de Búsqueda y El País, órganos de la derecha por excelencia, intelectuales orgánicos del poder, se atacó con nombre y apellido al PIT-CNT, a sus coordinadores, Marcelo Abdala y Fernando Pereyra, y por supuesto, faltaba más, al Partido Comunista de Uruguay.
¿Cuál es la acusación central? Crear un clima de confrontación, afectar el “clima de negocios”, no entender el papel de la sacrosanta “competitividad”, “politizar” a los sindicatos, alentar reclamos corporativos.
Nada nuevo bajo el sol. Luego del golpe de Estado, Juan María Bordaberry, conspicuo representante de la Asociación Rural y de los latifundistas de este país, acompañado de los distinguidos miembros de la Asociación de Bancos y de la flor y nata de los industriales, anunciaba eufórico que iba a terminar con “la dictadura marxista en los sindicatos” y organizaba, amparado en la represión y la tortura, la creación de “sindicatos libres”. No es baladí recordar que se llevó un gran revolcón y que aún en las condiciones más duras de represión decenas de miles de trabajadores reafirmaron su afiliación a los sindicatos clasistas de la CNT clandestina.
Son los mismos intereses y los mismos representantes, con otros nombres, algunos, otros siguen con los mismos.
Es que el peso y la influencia de los trabajadores organizados, sindical y políticamente, de su perspectiva ideológica, es el elemento determinante de la sustentabilidad del proyecto de cambios y también de su continuidad y profundización, de su perspectiva revolucionaria. El corazón del bloque contrahegemónico, su columna vertebral, son los trabajadores.
¿Esto implica negar la importancia de las alianzas sociales y políticas? ¿Menospreciar la participación de vastos sectores populares de la ciudad y el campo en la compleja obra de transformar la sociedad? ¿Reducir toda la riqueza de la sociedad y sus múltiples contradicciones a la contradicción de clase?
Por supuesto que no. La tarea de cambiar el Uruguay y hacerlo en serio necesita de la más amplia unidad del pueblo, de todo el pueblo. De la más amplia unidad de la izquierda, en el Frente Amplio, de mantener el gobierno y de ejercerlo a plenitud, implementando el programa transformador.
Pero sin los trabajadores nada es posible. Sin el avance de su organización, de su protagonismo, de su conciencia, nada es posible. La movilización de los trabajadores no solo no es un problema para la perspectiva de cambios es una condición para su realización.
Por todo ello es tan importante la lucha que se libra en los 150 grupos que negocian en los Consejos de Salarios. En la dilucidación de esa batalla se juega una parte central de la perspectiva general de cambios en el Uruguay. La redistribución de la riqueza, la justicia social, la ampliación de derechos, la consolidación y el avance democrático. Todo ello está en juego allí.
Por eso fue tan importante esta movilización del SUNCA, la UNTMRA y el SOIMA, con decenas de miles de obreros parando y marchando en todo el país y en Montevideo llenando de combatividad y compromiso 18 de Julio. Es más importante aún por realizarse pocos días después de la gigantesca movilización del PIT-CNT del 25 de setiembre.
A diferencia del Coronel de la novela de Gabriel García Márquez, que no tenía quien le escribiera, la oligarquía de este país tiene quien le responda: los trabajadores organizados  y en lucha.
Y eso enfurece y saca de quicio a Búsqueda y El País y está bien, que se enojen, entienden muy bien la jugada: es con ellos. Y también es entendible que saquen el trapo sucio del anticomunismo y ataquen al PCU, lo tienen claro: es con ellos.
Desde estas páginas y en cada rincón del país, los comunistas haremos lo de siempre, organizar la lucha para transformar la realidad en sentido revolucionario, construyendo unidad y promoviendo la movilización. Ahora es cuando.
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