04
Oct
13

Uruguay … política de tierras

 

Aniversario del Reglamento de Tierras

 

escribe: Senador Ernesto Agazzi, Frente Amplio / Uruguay

La mayoría de nuestro territorio destinado a la producción agropecuaria está ocupado por la ganadería extensiva, que muy parsimoniosamente está siendo sustituida por otras actividades.

En 1794, un enviado anónimo del rey de España caracterizó a este pequeño rincón del imperio, que con el tiempo se convirtió en la Banda Oriental y después en el Uruguay, como tierra de “ganados sin hombres”.

En gran medida esta situación persiste, teniendo nuestro país ese récord en el concierto internacional de tener casi cuatro vacas por habitante y de contar, en promedio, con cuatro canchas de fútbol para cada vaca.

Esa es la sensación que produce el recorrer algunas regiones de nuestro territorio. La ruta 6, después del cruce de la ruta 30, en dirección a Sarandí del Yi, es uno de esos paisajes ganaderos en los que se ve el horizonte hacia los cuatro puntos cardinales. Sin embargo, sin perder su característica tradicional comienza a mostrar algunas manchas de modernización productiva.

Un punto específico en el mapa, en el km 161 de la ruta 6 está marcado por dos carteles: uno dice “Timote”, y el otro “Instituto Nacional de Colonización” (INC).

Se trata de un predio de unas 4.600 hectáreas que integraban las grandes propiedades de la familia Gallinal y que hoy es propiedad del INC, luego de haber accedido a él mediante la prioridad que le otorga la ley de Colonización. Los propietarios anteriores lo tenían poblado con una familia sin hijos instalada en aquella inmensidad.

El INC, tan olvidado y carente de recursos durante los gobiernos anteriores, está llevando adelante una política de poblar los territorios alineada con las prioridades de la política nacional. Por eso decidió implementar en esa zona una colonia lechera, pero creando oportunidades para jóvenes lecheros, conocedores de tan importante actividad, hijos de tamberos, trabajadores y pequeños productores.

Así fue llenando el mapa del establecimiento con familias probadas y respaldadas por gremiales de tamberos, que asumieron el rol de “tribunales de concurso” en la selección de los futuros colonos.

Al mismo tiempo se comenzaron a construir los kilómetros de caminos necesarios para la entrada de los camiones y la instalación de las líneas de energía eléctrica que permitirán funcionar las ordeñadoras, las bombas de riego y la vida cotidiana de las familias. Todo estaba para hacer.

Nada de esto se hace fácil ni con poco trabajo, sobre todo si también hay que planificar los potreros, las fuentes de agua, las praderas, conseguir las terneradas, cubrir las vacas y empezar a ordeñar. Y todo al mismo tiempo.

La filosofía general es la cooperación y la complementación, así que el campo tiene una gran represa que ocupa un área de 80 hectáreas y una gran fracción de más de 200 destinada a la producción de forrajes para todas las unidades de producción. No se dividió el terreno en parcelas individuales donde cada uno hacía lo suyo, independiente de las demás, como era tradicional. Por el contrario, se hizo una planificación conjunta, donde cada familia maneja las vacas, las ordeña y también administrará la producción de forraje en el campo auxiliar compartido para todos y manejarán la reserva de agua que también es para todos.

Al llegar se ven los galpones de ordeñe y al lado una casita donde vive o vivirá la familia cuando se termine, distribuidos en el territorio, dando la impresión que llegó la vida. Son 18 pares de casitas que parecen sembradas en el campo y en todas ellas se construyó primero el galpón de ordeñe y lego se empezó la casa.

Sumándose a ese enjambre de trabajo, el INC, la OPP, la UTE, las empresas de caminería, el Inale, las gremiales lecheras, la Intendencia de Florida, han puesto cada uno lo que le correspondía y podía para sumarse a la tarea. Todo está marchando, así como las jóvenes familias que practican la construcción de un sueño concreto por el que se juegan, trabajan incansablemente y hacen los mayores sacrificios. Hasta hoy ordeñan con generadores propios y todos los días miran las columnas con los cables eléctricos que están muy cerca y parece que este mes se habilitará.

Es un nuevo modelo de planificar las tierras públicas, con otro compromiso y con nuevas formas de integrar la técnica y la organización del trabajo.

Así se logra que una de las familias, que eran lecheritos que repartían leche en carro en la ciudad de Florida, hoy está produciendo con una productividad que es el doble de la producción de leche promedio del Uruguay. El INC ha dejado de ser un organismo pobre para pobres, para convertirse en un motor que organiza una subdivisión racional de la tierra para mejorar la vida de los pequeños productores y trabajadores rurales.

Hoy, 10 de setiembre, aniversario de la firma por José Artigas del Reglamento de Tierras en Purificación, es una excelente oportunidad para celebrar los 198 años de aquel componente central del planteo económico social de la Revolución Artiguista.

Y hacerlo con hechos, con logros, produciendo “tranquilidad en el vecindario” y logrando el “adelantamiento de los agraciados”, asignando la tierra a quienes “con su trabajo y hombría de bien propenden a su felicidad y a la de la Provincia”.

Aquella etapa estuvo llena de ideas que mantienen su vigencia esencial, más allá de los cambios que produce el paso del tiempo, tanto en su planteo político, en sus fundamentos económicos o en sus contenidos sociales, lo que se puede verificar a lo largo de todo el articulado del Reglamento de Tierras. Es bueno releerlo.

Como complemento, el Ayuntamiento de Canelones, aprobó un Proyecto de Fomento Agrícola e instaló una Junta de Agricultura en Guadalupe el 16 de Noviembre de 1815, puesta bajo el patronato de Artigas, que en sus fundamentos decía: “la razón es despertar la laboriosidad y fomentar el cultivo de la tierra”. “Todo peón, capataz o compañero de propietario americano quedará bajo la protección del gobierno y gozará del privilegio de ciudadano…”

Son ideas que, increíblemente, mantienen su vigencia dos siglos después, y sobre las que es imprescindible reflexionar, pues constituyen parte central de nuestro legado histórico, y con las que debemos hacer el esfuerzo de ser consecuentes cada día.

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