24
Sep
13

Uruguay … situación laboral

INEQUIDADES

Los jóvenes y la relevancia del empleo

escribe: Senador Alberto Couriel Frente Amplio

El empleo es un tema central para la economía y, especialmente, para el desarrollo económico.

El cambio tecnológico, las innovaciones, la incorporación de media y alta tecnología en las exportaciones son cuestiones neurálgicas para el desarrollo. Y estos procesos tecnológicos requieren de recursos humanos distinguidos, de empresarios bien destacados y de mano de obra muy especializada y calificada. Desde este ángulo la formación de esta mano de obra es central, sea a través del sistema educativo, sea a través de una formación permanente. Los temas de la pobreza, la indigencia y las necesidades básicas no tienen resolución favorable si no se alcanzan sólidas salidas a través del empleo productivo, del empleo decente. Las políticas asistenciales focalizadas son paliativos necesarios para iniciar el proceso de integración social. Pero éste solo se logra con ingresos de las familias provenientes de empleos. Hay una directa interdependencia entre el empleo, que depende del crecimiento y de la estructura productiva, con las variables sociales. No se obtiene mano de obra calificada sin apoyos de los procesos educativos. No se alcanzan estos progresos educativos si las familias no tienen un nivel de ingreso adecuado proveniente de empleos dignos. En esencia, el empleo es la variable central para erradicar definitivamente los problemas de la pobreza, la indigencia y las necesidades básicas insatisfechas.

Los problemas del empleo son causas centrales de la distribución del ingreso. La heterogeneidad estructural donde conviven empresas de alto nivel de productividad, empleo calificado y altos salarios con empresas de bajo nivel de productividad y bajos salarios, en muchas ocasiones en los mismos rubros, es una fuente relevante de la desigualdad de salarios. Con altos niveles de desocupación abierta, precariedad, subempleo e informalidad será muy difícil atender la problemática de la distribución del ingreso. Sin duda que las desigualdades inter-generacionales pasan fundamentalmente por problemas de empleo. Un interesante informe del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social “Panorama del trabajo decente en el Uruguay con perspectiva sectorial” nos brinda muy buena información para utilizar en esta nota. La desocupación abierta (los que declaran haber trabajado menos de una hora o no haber trabajado en la última semana) ha descendido sustantivamente en los últimos años, ubicándose en 6,1% en 2012. Los jóvenes entre 14 y 24 años tenían una desocupación de 17,7%, mientras que los de 25 años y más, solamente, eran el 3,9%. Seguramente no es un problema solo del Uruguay, porque si analizamos la España actual, en plena crisis, la desocupación abierta es de 1 cada cuatro personas, pero para los jóvenes es 1 de cada 2. Este problema de los jóvenes se agrava en el caso de las mujeres jóvenes. Estas jóvenes eran desocupadas en un 22,8%, mientras que los varones, de igual franja etárea, desocupados alcanzaban al 14%. Este fenómeno se mantiene en todas las categorías ocupacionales. El subempleo (los que desean trabajar 40 horas semanales y no lo logran) alcanzaba al 7,1% de la población ocupada, pero los menores de 25 años eran 10,3%. La tasa de informalidad (los que no cotizan a la seguridad social) era de 26,6%, pero para los menores de 25 años alcanzaban al 36%. Los asalariados privados menores de 25 años que ganan menos de un salario mínimo nacional eran el 14,4%, mientras que los mayores de 25 años eran solamente el 6,6%. En el caso de la pobreza, los jóvenes de 13 a 17 años eran el 20,4%, mientras que para el total del país había descendido a 12,4%. El tema inter generacional es uno de los grandes desafíos del país, que requiere una elevada prioridad. Se han tomado algunas medidas fiscales, especialmente subsidios, para estimular el empleo de los jóvenes. La ley de empleo juvenil, actualmente a consideración del Parlamento, busca promover el trabajo decente de los jóvenes, vinculando el empleo, la educación y la formación profesional. Pero este es un gran tema estructural, que para mejorar el empleo de los jóvenes serán necesarias reformas sustantivas en los sistemas educativos. En otras experiencias de países de América Latina se han conseguido mejoras sustantivas de los niveles educativos de los jóvenes que viven en hogares pobres, pero en el caso del Uruguay los resultados siguen siendo muy negativos, para estos jóvenes pobres, en términos de asistencia, deserción y repetición, especialmente en la enseñanza media y superior. La repetición en primaria del quintil 1 (el 20% de menores ingresos) triplica al quintil 5 (el 20 % de mayores ingresos). La extra-edad en primaria de los quintiles más bajos cuadruplica a los niños provenientes de las familias de los quintiles más altos. La asistencia a la educación media básica en las edades de 12 a 14 años para el primer quintil era de 64,7% y de 87,4% para el quintil superior. En el caso de la asistencia a la media superior en las edades de 15 a 17 años, para el primer quintil era de sólo el 23,8%, mientras que para el quintil superior era de 79,2%. Por supuesto en los estudios terciarios del primer quintil sólo accede el 2% frente al 49% del quintil 5. Todas estas cifras marcan la gravedad de la situación, que no se pueden resolver con medidas asistenciales focalizadas, muchas veces necesarias, sino que deben pasar por cambios estructurales que nos permitan avanzar hacia sociedades más igualitarias. La estrategia de desarrollo es imprescindible para marcar el rumbo del país del futuro. La elaboración muy flexible de la futura estructura productiva es esencial, no solamente para la inserción económica internacional, sino también para las políticas de empleo, donde se puedan especificar políticas tendientes a resolver el problema de los jóvenes. Se requiere de políticas de oferta de empleo, siendo imprescindibles las necesarias reformas en los sistemas educativos para lograr las calificaciones adecuadas. La política de demanda de mano de obra deriva del crecimiento económico y de la estructura productiva, donde son imprescindibles estímulos especiales para que los jóvenes se puedan incorporar plenamente al mercado de trabajo. A la vez es necesaria una estrategia social de carácter global. No resuelvo los problemas educativos si no atiendo adecuadamente los temas de la alimentación, la salud, la vivienda y el ordenamiento territorial. Estas políticas sociales no pueden funcionar como feudos. Es imprescindible la coordinación, la compatibilización de las mismas y, por ello, la necesidad de una estrategia común. De ésta surgirán también las bases para la erradicación de la pobreza, la indigencia y las necesidades básicas insatisfechas. Todo eso para la dignidad de la vida, para enfrentar las desigualdades, no sólo inter generacionales, sino también las étnicas, las de género y para la izquierda centralmente las económico –sociales, donde siempre queda el gran desafío del tema de la propiedad y su concentración. En todos estos casos, el tema del empleo pasa a tener primera prioridad para alcanzar logros significativos, porque las mismas cifras analizadas para las desigualdades inter generacionales también las encontramos, a veces agravadas, en las desigualdades étnicas y de género.

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