04
Sep
13

Peronismo … kirchner

Peronismo, peronismo, ¿peronismo?

escribe: Esteban Valenti Periodista, escritor, director de Bitácora, Uypress. Uruguay

“Pero yo hago aquí de padre eterno, bendigo ‘urbi et orbi’. ¿Por qué? Porque mi misión es esa. La misión mía es la de aglutinar al mayor número posible. Porque la política tiene esa técnica: acumular la mayor cantidad de gente proclive o pensante, hacia los objetivos que se persiguen. Todo el que piensa o sienta así debe estar”
Juan Domingo Perón

 

¿Quién ganó en las elecciones argentinas? La única respuesta unánime es: el peronismo, nuevamente el peronismo. Férreo, inoxidable, impune. El gobierno de Cristina Kirchner perdió 28% de los votos nacionales en relación a las elecciones del 2011 en las que obtuvo el 54% de los votos, fue la peor elección desde el 2003 en las que por un accidente institucional, típico de la Argentina, Nestor Kirchner fue electo presidente con el 22% de los votos.

 

“Para un peronista no hay nada mejor que otro peronista”
Juan Domingo Perón.

El Frente para la Victoria (FPV) la organización política del kirchnerismo fue la única que se presentó en todos los 24 distritos electorales, por lo tanto no puede compararse con nadie. Salió primero a nivel nacional. Los demás agrupamientos son todos arbitrarios y a gusto del consumidor. El peronismo disidente, opositor al kirchnerismo obtuvo el segundo lugar, aunque el agrupamiento es totalmente arbitrario porque corresponden a realidades provinciales, como Buenos Aires, Córdoba, San Luis y en otros distritos. Y luego viene una dispersión de fuerzas opositoras que pueden agruparse entre progresistas más radicales, que tuvieron fuerte presencia en varias provincias, pero con realidades diversas.

No voy a insistir sobre el balance electoral en su conjunto, sino sobre un tema que además de político, es ideológico y cultural: el peronismo es capaz de comenzar a construir su alternativa a si mismo, guiado por su brújula infalible: el poder.

El kirchnerismo no puede seguir, no hay posibilidad de re reelección, pues surge Daniel Scioli, una variedad más moderada del kirchnerismo, nacido políticamente en el menenismo y que ahora se perfila muy a pesar de la presidenta como el delfín oficialista para el 2015, luego de meses de guerra sorda y declarada desde el Olimpo del poder. Además surge la figura de Sergio Massa, peronista – faltaba más – , intendente de Tigre, ex jefe de gabinete de Cristina Kirchner, pasado a la oposición “blanda”, todo “paz y amor” que además reivindica algunos logros del gobierno y critica aspectos parciales y se lava las manos olímpicamente de todas sus propias responsabilidades. Y gana por más de 5% en el baluarte histórico del peronismo, la provincia de Buenos Aires.

Una de las posibilidades que se perfila para el 2015 es un choque entre peronistas: de un lado Daniel Scioli con los restos del kirchnerismo y del otro lado Sergio Massa con el peronismo opositor. Esta última palabra, dicha con todas las salvedades.

Al desafió político normal, esta alternativa tendría que vencer la maldición de “Dardo Rocha” el gobernador de Buenos Aires que fundó la La Plata. Nunca hubo en toda la historia nacional un solo presidente de la Argentina electo por voto popular que haya sido gobernador de la principal provincia del país. Puede ser simplemente una cábala…

En el distrito más importante, la provincia de Buenos Aires, el tercer lugar lo ocupó la única fuerza no peronista, encabezada por Margarita Stolbitzer y Ricardo Alfonsín con el 11% de los votos y que superaron al tercer peronista en liza, Francisco De Narváez. Se podría decir: una “provincia nostra” para el peronismo.

Aquí se puede considerar lo opuesto a la frase de Perón, para un peronista, no hay nada peor que la alternativa y la oposición de otro peronista, pues se comienzan a mover las lealtades. Y eso ya está sucediendo, el penetrante olor a la sucesión hace que en las gobernaciones e intendencias peronistas-kirchneristas comience la danza de los pasajes y adhesiones al posible sucesor.

En otras latitudes de la geografía y de la política argentina se ha reforzado la figura de Hermes Binner, ex gobernador de Santa Fe, el primer gobernador socialista de la historia argentina, el segundo candidato más votado en las elecciones presidenciales del 2011, con el 17% de los votos y que en su provincia obtuvo el 41% de los votos, relegando al peronismo al tercer lugar con apenas el 22% de los votos. Santa Fe fue considerada siempre como uno de los reductos históricos del peronismo, hasta el triunfo de una alianza entre los socialistas, los radicales y fuerzas sociales diversas. Una vez más superaron muy bien la prueba electoral.

El centro derecha que encabeza Mauricio Macri salió segundo en su reducto, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), donde lo superó una amplia alianza de centroizquierda en la que triunfaron en la disputa entre las cuatro listas que acumulaban bajo el lema “UNEN” Pino Solanas y Lilita Carrió y el PRO no presenta una perspectiva nacional de crecimiento y que sea una alternativa creíble para el 2015. Pero será un jugador.

Es obvio que las lecturas y análisis parten de los datos políticos y apuntan al futuro electoral de octubre de este año y del 2015, las elecciones presidenciales, pero yo quiero concentrarme en una pregunta ideológico-cultural: ¿se puede crear una alternativa al peronismo, en la Argentina o la supremacía del peronismo será perpetua?

Si nos guiamos por la historia reciente, incluyendo el recreo de Fernando de la Rua la respuesta debería ser muy contundente, pero la política está llena de sorpresas.

Para responder hay que preguntarse también ¿Qué ideología tiene el peronismo? Mucho se ha escrito y mucho se escribirá sobre el tema, pero hay un rasgo común a todos, el profundo sentido del poder por encima de todo. Con visiones sobre las políticas económicas, sociales, sobre la institucionalidad, sobre la moral pública, sobre las relaciones internacionales y sobre otros muchos temas muy diversas entre si, los une una referencia histórica a Juan Domingo Perón, con todas sus contradicciones y la permanente confusión entre el Estado, el partido y el ejercicio del poder.

La experiencia de Santa Fe demuestra que se puede construir una alternativa, en una provincia profundamente peronista. Se puede construir una alternativa diferente, incluso con la franca hostilidad de los diversos gobiernos nacionales peronistas (kirchneristas), con resultados en la gestión, con la consolidación de un frente político amplio y alternativo, incluso con una parte de los votos que vienen de una matriz peronista, pero donde el núcleo principal es diverso, tanto en su origen histórico, como político y cultural. Socialistas y radicales.

¿Se puede a nivel nacional? Algunos consideran este tema, siempre desde el ángulo de la combinación de las diferentes fuerzas opositoras. Sin principios, sin claridad programática, no hay posibilidad de unir a todos, desde la izquierda, el centro izquierda al centro e incluyendo al centro derecha y algo más. Eso fracasó en el 2011, cuando el radicalismo se alió en la provincia de Buenos Aires con Francisco De Narváez.

Hay un espacio de centro izquierda, que en una segunda vuelta electoral puede disputar el gobierno, si se da una profunda batalla política, pero también ideológica y cultural. Si se sale de la trampa de los fuegos artificiales, de la política espectáculo que es el fuerte de las diversas alternativas peronistas.

No es una tarea fácil, es extremadamente compleja. Tres cuartas parte del electorado votó en contra el oficialismo, considerando además que la propia presidenta se puso la campaña electoral al hombro y por lo tanto reforzó el carácter de plebiscito que tuvo el resultado del domingo 11 de agosto, pero el sistema electoral empujará hacia una alternativa, kirchnerismo (muy probablemente Daniel Scioli) vs. Sergio Massa, peronismo surgido del kirchnerismo. No se trata de una conspiración, sino de una realidad compleja y llena de contradicciones.

Es un cambio limitado, que sin duda puede mejorar, por ejemplo las relaciones con Uruguay, pero para la Argentina es el estrechamiento constante de sus opciones políticas, de su espectro político, en un país cultural y cívicamente muy vivo, lleno de fermentos y de potencialidades, donde la fractura entre la política y la sociedad civil es una constante y se agrava.

Hay ejes del debate nacional que se han instalado desde diversos sectores y en particular desde la prensa y la movilización ciudadana (los cacerolazos), el tema central es: cambiar al kirchnerismo. Por lo que sea, pero cambiarlo. Es una alternativa pobre y precursora de nuevas frustraciones.

Los otros temas instalados con prepotencia son cuatro que están contenidos en la necesidad de un cambió: primero, la corrupción; segundo las tensiones institucionales, en particular entre el gobierno y el Poder Judicial; en tercer lugar el modelo económico y social con su cuota de asistencialismo y de clientelismo galopante y en cuarto lugar el clima de permanente confrontación, el blanco y el negro en las relaciones políticas y sociales.

Estos temas no están ordenados por orden de importancia y se mezclan en muchos aspectos, es simplemente un intento de sintetizar el malestar que siente hoy una parte mayoritaria de la sociedad argentina y que también se expresó en las urnas. Un malestar que tiene que ver con la inflación y las mentirosas estadísticas oficiales, con el estancamiento y los crecientes problemas energéticos, con las enormes carencias de los servicios oficiales o privatizados. Es un cambio en relación al 2011, donde la mayoría de los argentinos votó claramente por la continuidad.

Construir una alternativa fuera del peronismo es una tarea titánica que por otro lado no puede excluir la necesidad de incorporar al proyecto a sectores del propio peronismo, aunque parezca contradictorio. El tema, es quien liderará el recambio.

Mimetizarse nunca dio resultado, alimentar el blanco y negro entre peronistas y antiperonistas, tampoco, al contrario, es lo que espera el oficialismo y los recambios nacidos del propio kirchnerismo, hacer ingenierías electorales de equilibristas también fracasaron, hace falta instalar el tema de una real alternativa, surgida de la experiencia como los de la provincia de Santa Fe, con otra visión política, cultural, ética y social.

Y dar una profunda batalla ideológica. Las proclamas ideológicas que rozan la superficie de una sociedad, que no llegan al corazón de la gente a través de sus problemas y sus preguntas vitales, humanas, familiares y sociales muchas veces nos dejan pipones y no sirven para casi nada. La batalla que tienen ante si las fuerzas realmente de alternativa en Argentina es épica y titánica. Pero se puede, estamos asistiendo al fin de un ciclo, la pregunta es si el próximo será una variante mejorada de este mismo ciclo o si la Argentina logrará romper el cerco de hierro de peronismo, peronismo, peronismo. Cercos monocordes, que con otros protagonistas, le han hecho mucho mal a otros países.

El propio peronismo que tiene sus valores y su potencial, necesita un cambio para renovarse y sobre todo para asumir de manera integral los valores de la república, del federalismo, de la democracia plena. El recambio y el llano son una buena escuela.

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