Archivo para 4/05/12

04
May
12

Uruguay; el modelo económico

economía

El modelo uruguayo

 

 Alberto Couriel, Senador Espacio 609

Roberto Lavagna, ministro de Economía argentino que lideró la salida de su país a principios de la década pasada, acaba de declarar que en la actualidad el paradigma para la región es el modelo económico uruguayo, como antes lo fue el chileno. Se trata de un economista muy reconocido, básicamente heterodoxo, aunque ortodoxo en materia de política fiscal. Desde 2004 en adelante la economía uruguaya ha sido muy exitosa: Altos niveles de crecimiento; tasas de desempleo abierto muy bajas; mejoras relevantes en los salarios reales; bajas significativas de la mortalidad infantil, la pobreza y la indigencia; y una mejora importante en la distribución del ingreso. Una de las características que resalta del modelo uruguayo es la excelente imagen internacional del país, en la que influyen factores políticos, económicos y sociales. La estabilidad política, la fuerza de los principios democráticos, el grado de civilización del sistema político, influyen en esa buena imagen. En el plano económico pesan la estabilidad económica, la atención puntual y prioritaria al pago de los servicios de la deuda externa, la libertad en el movimiento de capitales, el mantenimiento de un déficit fiscal moderado, y claras reglas de juego para la inversión extranjera directa. Entre éstas se destacan la igualdad entre inversores nacionales y extranjeros, generosas exenciones fiscales, y el garantizar la no existencia de expropiaciones, facilitado porque un referéndum impidió un proceso de privatizaciones, como se registró en la década del 90 en varios países de la región. En este período se logró una importante reestructuración de deuda externa, ampliando plazos, aumentando la de moneda local, aunque se mantiene un alto grado de dolarización. Sobre estas bases se acaba de lograr el grado inversor y hemos salido de la lista gris de la OCDE. No soportamos las condicionalidades del FMI, que realiza informes laudatorios de la economía uruguaya.

El alto dinamismo económico, más de 6% anual de crecimiento del PBI, tiene un punto de partida vital: el extraordinario aumento de los precios internacionales de los principales productos de exportación. Ello facilitó la fuerte entrada de capitales, donde la inversión extranjera directa se multiplicó casi por siete en los últimos años con respecto a una década atrás. Ello también facilitó un fuerte incremento de la productividad, una verdadera novedad para la historia de las últimas décadas de la economía uruguaya. El modelo asegura la imagen internacional, tiene como objetivo central el combate a la inflación, para que no llegue a los dos dígitos, y busca atender la deuda social. Enfrentó adecuadamente las vulnerabilidades provenientes del elevado endeudamiento externo y logró una regulación adecuada para el normal funcionamiento del sistema financiero.

Las políticas fiscal y salarial se diferenciaron de la ortodoxia. Una reforma tributaria centrada en la instauración del impuesto a la renta de las personas físicas y un aumento cauteloso del gasto publico, especialmente del gasto social, fueron las facetas más destacadas de la política fiscal. La negociación colectiva y la búsqueda de una mayor equidad en las relaciones capital-trabajo caracterizaron una política laboral que permitió mejoras significativas de los salarios reales. Ambas políticas influyeron decisivamente en la mejora de la distribución del ingreso, con el índice de Gini de 0,40, el más bajo de América Latina.

Las políticas monetaria y cambiaria son más ortodoxas y otorgan la primera prioridad a la atención de los objetivos antiinflacionarios. El uso de la política cambiaria para este objetivo afecta la competitividad, especialmente a los rubros que no tuvieron aumentos significativos de los precios internacionales y los que buscan una inserción con mayor valor agregado. También afecta a la producción interna, que no puede competir con productos importados abaratados por el atraso cambiario, que también incrementa el consumo de bienes importados.

Surgen múltiples desafíos, como la falta de una estrategia de desarrollo, una mayor progresividad tributaria, una adecuación de la política cambiaria, una democratización de los medios de comunicación con mayor pluralismo y diversidad de opiniones, y las dificultades provenientes de la seguridad pública y la educación, que analizaremos en próximas notas.




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