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uruguay: política cambiaria

LA POLITICA CAMBIARIA EN LOS GOBIERNOS DEL FRENTE AMPLIO 

Dólares
 

 escribe:Alberto Couriel |*|

La política cambiaria es una más del conjunto de instrumentos de política económica, que no puede analizarse aisladamente de la política monetaria, fiscal y salarial. En los países pequeños basados en el crecimiento hacia afuera, con relevancia de sus exportaciones, la política cambiaria puede cumplir un rol muy relevante. Sin duda es un instrumento que influye sobre la inflación, la competitividad, el movimiento de capitales, e incluso sobre acontecimientos políticos. Sobre la inflación influye a través de los rubros importados, entre otros el petróleo, y sobre los precios internos de los productos de exportación que son de consumo básico de la población, como carne y granos. La competitividad es un fenómeno vinculado a la introducción de progreso técnico, a las innovaciones y a la productividad, pero en determinadas coyunturas el tipo de cambio es un factor importante de la misma. No es casual que tanto EEUU como la Unión Europea le soliciten reiteradamente a China la apreciación de su moneda para alcanzar mayores equilibrios comerciales. El tipo de cambio, junto a otros factores, influye también sobre la entrada o salida de capitales. La política cambiaria puede tener influencia sobre decisiones políticas. En las elecciones de 1971 el ministro de Hacienda, Carlos M. Fleitas, le dijo al presidente Pacheco que le iba a hacer ganar la elección. Para ello, trancó el tipo de cambio y aumentó los salarios y las jubilaciones. El pachequismo ganó la elección con su candidato Bordaberry, y en 1972 realizaron una brusca devaluación y una elevada caída del salario real y de las jubilaciones. En 1998 el presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, para asegurar su reelección, gastó 30 mil millones de dólares de sus reservas para mantener el tipo de cambio. En enero de 1999 Brasil sufrió una fuerte devaluación que generó problemas financieros. En Argentina en 2001 cae el presidente De la Rúa, entre otros factores, por la devaluación que terminó con la ley de convertibilidad de un peso por un dólar. La década del 90 se caracterizó por el uso del instrumento cambiario con objetivos antiinflacionarios, generándose fuertes atrasos cambiarios en Argentina, Brasil y Uruguay. En el caso de Uruguay ello generó una fuerte caída de la actividad industrial, se incrementó el desempleo abierto y se produjo una fuerte traslación de ingresos desde el sector agropecuario hacia el resto de los sectores económicos. La profunda crisis de 2002 originó una fuerte devaluación que corrigió dicho atraso. En los años 2003 y 2004 se alcanzó un tipo de cambio que aseguraba competitividad. A partir de mediados del 2004 comienza una caída permanente del tipo de cambio nominal, que desciende desde alrededor de 28 pesos por dólar hasta la cotización actual de 19,70. Esta evolución le ha hecho perder competitividad con EEUU. No la pierde con la Unión Europea mientras el euro también se aprecia. Pero en la actualidad el euro ha bajado de 1,60 a 1,19 por dólar, y ello afectará nuestras colocaciones a dicho mercado. En materia cambiaria nos salva la apreciación del real brasileño que nos ha permitido mantener un flujo importante de exportaciones hacia dicho destino. En determinadas etapas hay una depreciación del dólar, pero en general la moneda uruguaya se ha apreciado más que el resto de las monedas de la región. Inclusive en las últimas semanas más que el real brasileño. Este atraso cambiario se ha compensado durante los gobiernos del FA por el fuerte incremento de los precios de los productos de exportación derivado del crecimiento de China e India, que han generado alzas de los precios de las commodities. Esta es la gran diferencia con la década del 90. La mejora de los precios internacionales ha facilitado un elevado ritmo de crecimiento de la industria manufacturera y el sector agropecuario no tuvo que soportar la traslación de ingresos por la vía de modificaciones de los precios relativos que los afectó en los noventa. Incluso ha mejorado sensiblemente los niveles de empleo. Los rubros que no tuvieron aumentos de precios internacionales se vieron afectados por la pérdida de competitividad o por el descenso de su protección. Durante los gobiernos del FA se ha utilizado la política cambiaria con fines antiinflacionarios. Ello ocasiona, además, menores costos en moneda nacional del pago de los servicios de la deuda en moneda extranjera y facilita un menor déficit fiscal. También permite el descenso de la relación deuda/PBI por la sobrevaloración del producto en dólares. Estos resultados se obtienen, pero a costa de la competitividad y por lo tanto del desarrollo futuro del país productivo y de su inserción internacional. La nueva Carta Orgánica del Banco Central marca que los fines primordiales de la institución son no sólo la estabilización de precios sino también el crecimiento y el empleo. Sus autoridades priorizan la estabilidad de precios. Nosotros preferimos la política de la Reserva Federal de EEUU que atiende tanto objetivos antiinflacionarios como de empleo. Cambiar la política cambiaria significa atender prioritariamente la competitividad. Para ello es imprescindible la regulación de las autoridades monetarias sobre la demanda y oferta del mercado cambiario. Aumentar la demanda por vía del Banco Central, del BROU o del gobierno central no sólo para fijar pisos en su cotización, sino para que se inicie un proceso de recuperación de manera gradual. Cualquier oscilación brusca es negativa. Aumentar la demanda de dólares tiene límites. Se requiere esterilizar la moneda nacional para que la mejora de competitividad afecte lo menos posible las metas de inflación. Pero también hay que actuar sobre la oferta de dólares. Sobre la tasa de interés para que no haya un cambio de portafolio que signifique un pasaje de dólares a pesos. Sobre la entrada de capitales con encajes diferenciales, de acuerdo a los plazos de dichas colocaciones, como se hizo en Brasil, Colombia, Chile y Argentina. En esencia, regular sobre la demanda y oferta de dólares, pero con la mirada clara y nítidamente fija en una política cambiaria que priorice objetivos de competitividad. El lunes 7 de junio, a la salida del Consejo de Ministros, el ministro de Economía y Finanzas anunció una mayor intervención del MEF en el mercado cambiario. Lo plantea con dos objetivos: bajar el déficit parafiscal que generaban las emisiones de deuda del Banco Central y darle mayor protagonismo al Ministerio de Economía y Finanzas en la compra de dólares para que se incremente el tipo de cambio. Estas declaraciones podrían ser el inicio de una nueva etapa para mejorar los niveles actuales del tipo de cambio real. De entrada cambia las expectativas. Ojalá sean suficientes para que la política cambiaria priorice los objetivos de competitividad.

|*| Senador por la 609-FA, economista

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