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07
oct
14

lacalle; la nueva derecha, embustera siempre

 

¡Qué toupet!

 

Por Esteban Valenti Periodista, escritor, director de Bitácora y de Uypress. Uruguay

 

Los que conocen un mínimo de la historia nacional, saben que las dos palabras del título tuvieron un trágico peso en la política uruguaya. Fue el título de una columna de Washington Beltrán  del año 1920 que motivó la inmediata reacción de José Batlle y Ordoñez que lo retó a duelo.

El final es conocido, Batlle mató a Beltrán de un disparo en el pecho.

Que lejos estamos de aquello, pero es nuestro pasado, no aceptemos los relatos deformados, que esconden nuestra historia. Somos hijos de esas pasiones, de esos personajes, de nuestra trayectoria como país. Detrás de la construcción de un relato asexuado y falso de la historia del Uruguay hay una profunda operación ideológica, incluso para algunos que ni siquiera son conscientes de ello. Hablan en prosa como el personaje de Moliere y no lo saben. Y hablan en una prosa muy peligrosa.

A la salida de la dictadura se produjo el choque frontal entre relatos diferentes sobre las causas, las consecuencias, los procesos de salida del régimen por parte de diferentes actores políticos e ideológicos uruguayos. La teoría de los dos demonios, quería esterilizar la responsabilidad tanto de la política internacional de los gobiernos norteamericanos que sembraron de dictaduras el continente, como de sectores fundamentales de las clases dominantes uruguayas. Y si para eso debían pagar el precio de una deformación flagrante del papel jugado incluso por las diferentes fuerzas de izquierda, lo consideraron un precio razonable.

Ese relato incluía amortiguar y dejar en el olvido los crímenes de la dictadura. Si nuestra consigna fue verdad y justicia, la consigna implícita de esa operación, era olvido y perdón indiscriminado. Era una amnistía disfrazada de generosidad, cuando en realidad era totalmente funcional al intento de reconstruir una historia falsa y sin responsabilidades por la llegada de la dictadura. Y durante un buen tiempo tuvieron éxito. Con el apoyo de buena parte de los grandes medios de comunicación, que sepultaron el tema de las violaciones de los derechos humanos a un rincón incómodo y oscuro de la vida social y política del Uruguay.

Con la salida de la dictadura y los 4 gobiernos democráticos del Partido Colorado, Nacional, Colorado y de co-participación, la decadencia nacional no se detuvo, continuó ondulando con indicadores diversos, pero hacia la profundidad de una crisis material y espiritual creciente. Culminó en la explosión del 2002, que se venía preparando desde hacía varios años. Porque lo que estaba en crisis era el modelo, que con matices y retoques se aplicó en la economía, en la producción, en la sociedad, en la inversión pública y privada, en el empleo y el trabajo como factor de ajuste, en la política fiscal de acumulación geológica de ajustes sobre ajustes y en la gestión decadente de entes y bancos del estado. El resultado final los conocemos todos.

En estos últimos diez años intentaron con la tenacidad de siempre construir su propio relato, a través de los discursos, en el parlamento, en diversos libros y en varias polémicas. Todo el desastre había sido el resultado de condiciones internacionales y regionales adversas y no había la mínima responsabilidad o autocrítica que asumir. Al contrario, lentamente trataron de presentaron como los salvadores de la Patria. Y como contrapartida, todos los avances innegables obtenidos por los gobiernos progresistas eran por el ya famoso ”viento de cola”. Una década construyendo palabra por palabra el mismo discurso.

No tuvieron grandes resultados, ni con la imagen de la dictadura, que en estos años apareció en toda la desnudez de sus crímenes, de sus desaparecidos, de madres casi niñas asesinadas, de los bebés robados y del latrocinio nacional. Tampoco les fue muy bien con el relato sobre la crisis, los resultados electorales del 2004 y del 2009 son una clara demostración. Pero ha pasado una década y la memoria social suele ser compleja, a nadie le gusta recordar en forma permanente las tragedias y las derrotas.

Así que decidieron construir el relato desde otra perspectiva totalmente diferente: nada de confrontación y se concentraron totalmente en un supuesto futuro sin pasado y donde el factor de renovación era generacional. Los mismos personajes políticos reciclados para darle soporte a ese nuevo relato basado en una ”sensación”, en un ”clima”, en interpretar las tendencias nuevas de la sociedad y en particular de los jóvenes.

Es un relato que trata de sepultar las ideologías, que deposita en la tecnocracia el manejo de la economía, de la seguridad, en definitiva de la política y que responde prolijamente a las exigencias surgidas de las encuestas de opinión. Darle a la gente lo que la gente reclama en forma de promesas vagas y de mensajes de autoayuda. Nosotros aportamos nuestro balde de arena gruesa a la construcción de ese mensaje. No es el momento para analizar como lo hicimos y porque lo hicimos.

Una sola frase, cuando un relato se hace cansino, aburrido, sin vitalidad, sin entusiasmos surgidos de las ideas y de las nuevas realidades se refuerzas los relatos de los adversarios. Los relatos no se construyen por repetición publicitaria, sino con ideas, con argumentación y con propuestas. No son solo sobre el pasado, son el sustento para el futuro.

Aún las fortalezas mejor custodiadas dejan sus rendijas, y en medio de tanto jingle, de tanta frase ”positiva” obvia y sin contenido, de tanto auto análisis, se filtran los temas de la economía y el modelo tradicional, la visión autoritaria de la seguridad, el freno y seguramente el retroceso de los derechos ciudadanos y laborales y sobre todo el antiguo y tradicional bloque político y social. En Uruguay no hay espacio para construir ese relato desde la novedad, desde otro lado que no sean los partidos tradicionales, en este caso encabezados por los sectores más de derecha.

Y de estas  circunstancias surgen dos candidaturas que aunque seguramente terminarán juntos en la oposición o en un eventual balotaje tienen sus diferencias. Las simplificaciones nunca ayudan y menos en política.

La candidatura de Lacalle es la síntesis extrema de la construcción de ese relato ”renovador” por parte de un dirigente que viene de una de las familias más tradicionales de la política uruguaya y que tiene a sus espaldas 15 años de presencia en la Cámara de Diputados, 10 de los cuales siendo un férreo opositor negativo a la política de los gobiernos progresistas.

¿Cómo es posible que a solo 10 años de la peor crisis conocida por la generaciones vivas en el Uruguay se pueda construir o intentar construir ese relato ”neutro” de las responsabilidades y las causas de la crisis y de la actual prosperidad nacional?

Los uruguayos se apropiaron de los grandes resultados obtenidos en estos diez años y ese es el principal capital cultural, ideal y social que tiene hoy el Uruguay para darle sostenibilidad a su desarrollo. Sin esa apropiación no podemos proponernos seguir creciendo en todos los frentes.

Esa apropiación es contradictoria, por un lado es la mejor síntesis de los cambios que se han producido en la sociedad y por otro lado impulsan fuertes reclamos. Los uruguayos, la gran mayoría de los uruguayos queremos más calidad, incluso desde vertientes muy diversas.

Queremos más calidad en la gestión del estado, en todos sus servicios y en especial en la seguridad y en la educación. No queremos transformarnos en especialistas en educación y en seguridad, esa es responsabilidad de los gobernantes en general y en esos sectores muy sensibles en particular, nosotros queremos mucha más calidad y mejores resultados.

Queremos más calidad en todo, en la salud, porque ahora que cubre a la mayoría de la población no nos conformamos solo con la masificación, queremos mejorar y hacerlo en forma constante.

Los uruguayos queremos que aumente la producción y reclamamos respeto por el medio ambiente porque nos convencimos que Uruguay es un país natural y ese es un capital muy valioso.

Los uruguayos asumimos que se pudo bajar la miseria, la indigencia, el porcentaje de fumadores, de desempleados y que por lo tanto se deben reducir los delitos y la deserción y repetición educativa. Y si alguien quiere gobernar nos tiene que dar garantías de que lo hará y lo hará bien, mejor que hasta ahora.

Queremos que siga la prosperidad, el crecimiento, el aumento del ingreso medio de los hogares en Montevideo y en el Interior y cualquier cosa que afecte esos factores puede llegar a preocuparnos, pero por ahora estamos lejos de esas preocupaciones. Y este es un elemento que hay que tener muy en cuenta, porque no es una condición estelar, sideral, es el resultado de las políticas diferentes que se aplicaron y que no hemos explicado e informado en forma adecuada.

Que toupet sería creer en cualquier momento de nuestra historia que alguna fuerza política tiene asegurada su continuidad también por la naturalidad de los hechos, por un designio supremo e inapelable. Cada cinco años nos convocamos a decidir y todos los días a construir la realidad y también los relatos dominantes.

¡Que toupet! más allá del trágico desenlace, fue hace casi un siglo el choque frontal no solo de personalidades muy diferentes, sino de relatos políticos, morales, ideológicos muy diversos. De eso se trata la política.

 

30
sep
14

lacalle pou … el invento cosmético de la derecha criolla

La campaña de la derecha uruguaya

El payasito del mes

escribe: Emilio Cafassi Profesor titular e investigador de la Universidad de Buenos Aires, escritor, ex decano. cafassi@sociales.uba.ar

El artistocrático matutino argentino “La Nación” dedicó en su edición de ayer un artículo a lo que considera la “reinvención para no perecer” de la “centroderecha” sudamericana (aunque en varios casos el antepuesto afijo “centro” resulte un ideologismo cosmético) sobre la que celebra su apoliticismo, desideologización y pragmatismo. Los rasgos expuestos no resultan errados. Precisamente la ambigüedad y la vacuidad forman parte de las nuevas muecas propagandísticas de la vieja derecha encomendados a frescos rostros que fingen renovación. El campo propicio para estas maniobras de seducción comunicativa siempre estuvo a disposición de las derechas y nunca ha estado yermo, pero es ahora cuando se propone potenciar exponencialmente el cultivo. No es otro que el de la mercadotecnia y video política que imponen la subcultura de la imagen por sobre la enunciación de problemas y soluciones, la telegenia de los actores políticos por sobre sus trayectorias y argumentaciones y los slogans por sobre los programas de gobierno. ¿Quién podría estar contra “la positiva”, tal como se autoposiciona el candidato Lacalle Pou para las próximas elecciones uruguayas?

¿Avanzaría entonces la redistribución de la riqueza? En absoluto, está por la negativa. ¿Se profundizarían las investigaciones sobre violaciones a los derechos humanos y el procesamiento de sus perpetradores? Por el contrario, se abandonarán las búsquedas. ¿Se aceleraría la resolución del déficit habitacional con un impulso de acceso a la vivienda? Menos aún, su preocupación es reducir el déficit fiscal. ¿Se incrementará el presupuesto educativo y la calidad de la educación pública? Nuevamente por la negativa. ¿Se garantizará la vigencia de conquistas como el matrimonio igualitario o la interrupción voluntaria del embarazo? Negativo. Las preguntas que pueden formulársele sobre adquisiciones últimas de derechos populares u horizontes futuros son infinitas y variadas, mientras las respuestas son unívocas. Siempre por la negativa. Pero no se trata de suposiciones o proyecciones futurológicas. Se desprende sin ambages de la posición parlamentaria “por la negativa” que tanto el partido que lo erige candidato, el blanco, hoy casi mimetizado en alianza carnal con su histórico rival, el colorado, mantuvieron ante cada proyecto de ley del gobierno progresista durante los últimos 9 años. Y si no bastara, deberá recordarse que hace exactamente 5 años, la campaña que el entonces candidato homónimo por el mismo partido (ex presidente de ultraderecha en los ´90 y padre del actual candidato histrión) no pudo apelar a esta clase de ardides simuladores precisamente por haber desnudado su práctica en el ejercicio pasado del poder. Así que optó por la sinceridad y la contundencia. Propuso recortar la inversión pública con una motosierra, desvalorizó al actual presidente Mujica por su vivienda a la que calificó de sucucho y propuso crear peluquerías y baños en los asentamientos con fines higiénicos y desodorizantes entre otras medidas de cuneo racista.

En ningún caso atribuyo a la genética inclinación ideológica alguna, sino que en este caso tanto la convergencia partidaria, sumada a la ausencia de toda crítica o distancia respecto a la gestión paterna cuanto la campaña precedente que tuvo por protagonista al progenitor, nos autoriza a concluir que el verdadero rostro del candidato actual no es del Dorian Grey esplendoroso sino el de su oculto retrato carcomido.

Sin embargo, para mejor digestión de un homo ludens, la mercadotecnia política diseña un atractivo envase opaco al que etiqueta con slogans eludiendo toda precisión sobre su contenido. Ya desde su etimología, esta rama de la sociología entiende la política como un mercado y el producto como una competitiva mercancía cuya virtud depende de su capacidad de venta. Pretende mcdonalizar la polis induciendo al ciudadano a autoservirse chatarra en salsas sintéticas empaquetada en una cajita feliz.

Mientras calcula discretamente la recaudación y perfecciona sus recursos publicitarios, la derecha expondrá con retrato y sincero reconocimiento a su más eficiente empleado: el payasito del mes.

28
sep
14

la gusanera en miami beach

 
Tiembla el “exilio” histérico cubano en Miami
 
El pasado jueves 18 de setiembre el dúo de artistas cubanos Buena Fe realizó un concierto en el Miami Dade County Auditorium. La presentación de Israel Rojas y Yoel Martínez forma parte de la política de intercambio cultural entre Washington y La Habana.La presencia de artistas cubanos en Miami no es reciente; en esa ciudad hay un vasto público, ávido por escuchar a artistas de diferentes géneros musicales provenientes de la Isla. Definitivamente el arte –como es el caso de la música- traspasa todo tipo de fronteras, desde las geográficas, pasando por las generacionales, hasta las fronteras políticas. Oponerse a alguna manifestación cultural, no es otra cosa que promocionarlas más. Quienes así actúan siempre son minoría. Es de ingenuos querer silenciar algunas voces musicales, tildándolas de políticas. Pero tratándose de Miami no es extraño.

Lo insólito sucedió días previos a la presentación del dúo Buena Fe. Los noticieros de la televisión de Miami informaron así: “Indignados y enardecidos por la presentación en Miami del polémico dúo Buena Fe, Miguel Saavedra y Osvaldo Hernández del grupo extremista Vigilia Mambisa arremetieron contra un cartel publicitario que anuncia la presentación”. Escuchar sólo el titular parecía broma. Esta vez la televisión de Miami no mentía ni exageraba. Frente a un cartel que contenía los rostros de Israel Rojas y Yoel Martínez, aparecían Saavedra y Hernández con palos y piedras golpeando con furia las fotos en la pancarta y diciendo “Fuera, no queremos basura aquí”, “que se vayan de aquí, no los queremos”. Cuando el reportero le acercó los micrófonos y le dijo a Saavedra: “Buena Fe hace versos”. Saavedra reaccionó expulsando bilis y amenazas: “Sí, versos va hacer cuando el jueves la aplanadora explote crack crack los discos de Buena Fe”.

“Vigilia Mambisa” es un grupo minúsculo de la extrema derecha cubanoamericana, que cómicamente se declara “último reducto de la dignidad del exilio cubano en Miami”.

Otro incidente sucedió en América TeVé de Miami en el programa “Arrebatados” dirigido por María Laria. Dado que el concierto se realizaría de todas maneras, un grupo “debatía” el tema. Dos de los ocho participantes hacían el papel de “defensores” del concierto; estos aparecían con una careta, diciendo que no había ley que podía prohibir la presentación. Enseguida los otros le caían encima gritando: “quítate la careta, quítate la careta”.

En el mismo programa, un joven, asumiendo pose de preocupado, soltó la ingeniosa idea: “El problema está en que si Estados Unidos tiene a Cuba en la lista de países terroristas. A mí no me entra en la cabeza que dejen entrar a un grupo de un país terrorista a los Estados Unidos”. La última genialidad la expresó una señora: “Para mí esa gente que va ir al teatro a escucharlos tiene la culpa…el tipo o la mujer que va ir al teatro, para mí es un sinvergüenza y un desvergonzado”.

Tres días antes del concierto se habían vendido las casi tres mil entradas. El jueves 18 el Dade County Auditorium estaba repleto. En las afueras no estuvo la aplanadora del “valiente” Saavedra, sino un grupo de personas mayores de edad, que pegaban gritos de histeria: “Las calles de Miami no son de Fidel”. Una abuelita portaba una camiseta que decía: “Las calles de Miami no son de los cubanos comunistas”. Siete octogenarios sujetaban una manta del grupo terrorista Alpha 66 y una anciana levantaba con mucha dificultad una bandera de Cuba.

Según los entendidos, una de las razones del ataque de histeria de toda esta gente (muchos de ellos también querían estar gozando en el Dade County Auditorium) se debe a que el dúo Buena Fe ofreció el pasado martes 12 de agosto un gran concierto en el municipio capitalino de Playa en La Habana para celebrar el Día Internacional de la Juventud; cantaron hasta muy tarde, y a las doce de la noche le cantaron ¡Felicidades! a Fidel, por su cumpleaños 88.

El dúo Buena Fe inició el concierto en el Dade County Auditorium con la emblemática canción de Silvio Rodríguez “Cuba va”. Parte de la letra dice: “Del amor estamos hablando, /por amor estamos haciendo, /por amor se está hasta matando /para por amor seguir trabajando. //Que nadie interrumpa el rito, /queremos amar en paz /para decir en un grito: / ¡Cuba va, Cuba va! Los asistentes cantaron con ellos y aplaudieron como si estuvieran en La Habana.

Todo indica que cada vez pierden acogida los cavernícolas en Miami con los prosaicos e irracionales programas en los medios y los absurdos pataleos en las calles.

Como suele decir un periodista cubano en Miami: “Felizmente la contrarrevolución cubana está en buenas manos”

26
sep
14

lacalle pou …

 

El pegajoso abrazo del osito cariñosito

 

escribe.Esteban Valenti Periodista, escritor, director de UYPRESS y de BITACORA. Uruguay
La gran operación política electoral de las fuerzas conservadoras-restauradoras es sin duda el ”clinch pegajoso” y si faltaba alguna confirmación,  el acto de lanzamiento de su programa en Kibon el pasado lunes 15 de setiembre fue terminante.
Una combinación de buenos propósitos, de autoayuda sicológica para afrontar las dificultades derivadas de las últimas encuestas y sobre todo de los resbalones por ciertas declaraciones a la prensa, muy próximas a la verdad.
Luego de escuchar el discurso de Lacalle se tiene la sensación de la promesa de un país gobernado por los ”Ositos cariñositos” (1). Bordaberry que es un político serio de derecha, se debe querer boletear cada vez que lo escucha.
Existe una perfecta sincronización entre los discursos, las puestas en escena, la presencia o ausencia en la prensa del candidato y la campaña publicitaria. No funcionan de la misma manera los discursos y declaraciones de asesores y consejeros que de vez en cuando se les suelta la cadena y dicen lo que piensan, incluso brutalmente. Es el caso del economista Juan Dubra en INFOBAE, que ahora incluso se borró de Twitter Y otros más notorios y notables.
Pero el eje político fue la convocatoria a un gobierno de acuerdo y de equipos. Lo de equipos es difícil hacerlo aparecer como algo novedoso, en el Uruguay todos los gobiernos construyeron sus equipos en los diferentes ministerios y áreas de la acción. Lo que quiere ser ”renovador” es la convocatoria a acuerdos entre los diferentes partidos.
Las razones son de dos tipos. Si hay una cosa clara en las encuestas es que el Frente Amplio luego de 10 años de gobernar sigue siendo la primera fuerza política nacional, por un importante margen y por lo tanto luego de los chisporroteos entre los dos candidatos conservadores, Pedro Bordaberry y Luis Lacalle, cualquier alternativa de gobierno les exigirá una negociación, entre ellos y dentro de sus propios partidos. Los programas presentados por los candidatos son una vaga referencia, luego de las elecciones y en la remota eventualidad de ganar comienza la verdadera negociación en todos los frentes. Eso es inevitable. Lacalle sabe que a lo sumo tendrá algo más de 30 diputados en 99. Así que lo que está haciendo es simplemente reconociendo la realidad. Ninguna renovación.
La segunda razón, es el famoso clinch cariñocito, es decir atrapar al Frente Amplio en un abrazo pegajoso donde trata de quedarse con los méritos de estos 10 años mientras y, por las fuerzas conservadoras, es decir la derecha, dar la imagen que todo se negociará entre todos. Falso, ni siquiera demuestran intención de una negociación social en serio.
Para ello juega con ese especie de ”sentido común” de que los políticos no deben pelearse, deben cooperar y ponerse de acuerdo. Es decir exactamente todo, absolutamente todo lo contrario de lo que hizo el Partido Nacional durante su gobierno en los años 90, donde excluyó al FA de cualquier cargo en los entes u otros organismos del Estado. El cambio, es obviamente sin ninguna autocrítica, es puro y despiadado marketing  político. La consigna es responder las preguntas de la sociedad y de los sectores de acuerdo a la menor resistencia posible. A cada uno lo que quiera escuchar. El osito cariñosito
Esos supuestos acuerdos nacionales para gobernar son imposibles, no por tozudez de nadie, sino por el más elemental realismo político, que aflorará en toda su potencia al otro día de las elecciones y en todos los partidos. Basta mirar los programas de todas las fuerzas políticas y comprender que existen limitaciones de fondo y es lo más natural del mundo que existan. El ellos lo saben perfectamente, es puro marketing de gobernabilidad y nada más.
Las limitaciones mucho  más de fondo para esos supuestos acuerdos de gobernabilidad es decir para someterse al abrazo pegajoso, son las prácticas, es la experiencia de los 30 años de gobiernos democráticos posteriores a la dictadura.
No hay acuerdo sobre los temas de fondo, sobre las principales líneas de un gobierno. No hay acuerdo sobre la política económica y social que aplicó el FA y la que aplicarían Lacalle-Bordaberry, sobre la política de seguridad, sobre la educación, sobre las relaciones laborales y sociales en general, sobre  el proceso de descentralización, sobre la salud y en muchos otros aspectos. Y es natural que así sea, porque expresamos conglomerados sociales y culturales diferentes, y que existen, no son una invención añejada, son la realidad actual.
Cuando Lacalle habla de equilibrar los Consejos de Salarios, está hablando de volver a colocar el gobierno del lado de los sectores patronales más conservadores, los que con su plataforma de 41 puntos expresan en toda su desnudez su programa propio para el próximo gobierno. Están en todo su derecho y nosotros a discutirlo.
Cuando algunos sectores hablan de competitividad, mientras el país alcanza todos los años un nuevo record en materia de exportaciones, en realidad están hablando de ganancias, de niveles de ganancia y por lo tanto de distribución de la torta. En esas cosas no hay temas asexuados, sin dolores. Si aumentan las ganancias, es porque alguien pierde. Y a pesar de que los patrimonios de esos sectores han crecido de manera exponencial, sus ventas, sus inversiones y sus rentas en estos diez años han sido muy buenas porque la porción de la torta disminuyó, pero la torta creció como nunca pero siempre van a reclamar una ecuación de costos más favorable, es decir más ganancias. Y que pague el estado, sus inversiones y servicios y/o los salarios y las prestaciones sociales.
¿Alguien puede creer seriamente que las 8 horas para los trabajadores rurales es un ”olvido” de los gobiernos blancos y colorados durante décadas, con todos los vientos posibles? Para tomar solo un ejemplo y más allá del desajuste declaratorio del candidato. El tema es de fondo.
El bloque progresista hoy en el Uruguay no está formado solamente por los trabajadores, sectores importantes de las capas medias cultas y urbanas y sectores juveniles, se ha ensanchado mucho. Hay sin duda sectores de micro, pequeños, medios y hasta empresarios nacionales importantes, que acompañan o se han integrado por dos razones o por una de ellas. Porque vieron que la política económica y social del progresismo dio mucho mejores resultados para el país que los anteriores gobiernos y que se puede perfectamente crecer y distribuir, incluso algunos comprendieron que hemos crecido tanto porque distribuimos. Otros porque asumieron que una sociedad dividida de manera tan neta, desintegrada socialmente, no es el mejor lugar para vivir y ni siquiera para prosperar.
Hay algunos sectores empresariales que asumiendo a regañadientes esos méritos y los resultados económicos y sociales, tienen todavía un fuerte apego ideológico por los partidos tradicionales y por encima de sus bolsillos, funcionan sus cabezas. Es natural y confirma que los temas ideológicos existen a todos los niveles.
El plan del clinch pegajoso no es solo político e ideológico, es una gran operación ideológica: basta de divisiones y tensiones sociales, marchemos todos juntos. Eso si, restaurando los equilibrios y con el liderazgo de ellos. De la derecha.
Para algunos políticos, de derecha, y algunos que les hacen eco, hablar en Uruguay de izquierda y derecha es anacrónico. Es otra falsedad que pegotea al clinch. Las encuestadoras le preguntan a los ciudadanos por su autodefinición ideológica y el 90% contesta y se define entre las tres respuestas clásicas: izquierda, centro y derecha.
Es cierto es la izquierda y la derecha uruguaya, bien uruguaya del año 2014, son abrumadoramente democráticas, pero con las mismas referencias internacionales tradicionales, los mismas brújulas y puntos cardinales de siempre, en un país muy distinto. Pero que no es distinto porque se borraron las diferencias, sino porque por primera vez en la historia gobernó el progresismo, una izquierda muy amplia. Y a pesar de todos los augurios terribles que se hicieron antes de asumir, y durante sus dos gobiernos, logró los mejores resultados para el país, para todos y en especial para los que viven de su trabajo y para los más débiles de los últimos 80 años.
Lo han dicho Tabaré, Mujica y Astori, no nos sentimos los fundadores de la patria, y asumimos plenamente nuestro pasado, completo y complejo, el de toda la nación, pero lo que está claro es que en 10 años los uruguayos reconquistamos un capital invalorable: el optimismo que habíamos perdido en 12 años de dictadura y 20 años de gobiernos blancos y colorados.  Y el clinch no lo aceptamos porque sería nefasto para el país. En primer lugar porque es falso, es una pose imposible.
Luchemos por nuestras ideas y nuestras posiciones con lealtad entre nosotros, pero sobre todo con lealtad hacia la gente. El clinch pegajoso es puro humo.

(1) Una genial definición de Darwin Desbocati.

24
sep
14

karl marx

Excentricidades de la política

 

escrito; sobre KARL MARX

 
Karl Marx fue el economista y científico social más importante e influyente del siglo XIX. Eso es sobradamente sabido.

Pero fue también un formidable periodista de investigación y un soberbio analista de la coyuntura política internacional de su tiempo. Este inédito que reproducimos hoy -tan actual, por lo demás: ¡en tantas cosas estamos de vuelta al XIX!- viene a ilustrar ese juicio de valor. SP.

En su libro sobre el Congreso de Viena, el Abate de Pradt acusa con toda justicia al ”congreso bailarín”, como fue llamado por el Príncipe de Ligne, de haber sentado las bases de la supremacía rusa en Europa y de haberla sancionado. [1]

”Así”, escribe, ”sucedió que la guerra europea de independencia contra Francia terminó con el sometimiento de Europa a Rusia. De poco valió tanta fatiga para semejante resultado”. [2]

La guerra contra Francia. Que era al mismo tiempo una guerra contra la revolución, una guerra antijacobina, condujo naturalmente a una transferencia de la influencia de Occidente a Oriente, de Francia a Rusia. El Congreso de Viena fue el retoño natural de la guerra antijacobina; el Tratado de Viena, el producto legítimo del Congreso de Viena; y la supremacía de Rusia, el hijo natural del Tratado de Viena. No es, pues, de recibo que el grueso de los escritores ingleses, franceses y alemanes le echen toda la culpa a Prusia solo porque Federico Guillermo III, cegado por su devoción al Emperador Alejandro, diese órdenes categóricas a sus embajadores a fin de que tomasen el partido de Rusia en todas las cuestiones importantes, frustrando así los meditados planes del infame triunvirato -Castlereagh, Metternich y Talleyrand- para erigir barreras territoriales seguras contra las invasiones rusas [3] y, de esta guisa, protegerse de las desagradables pero inevitables consecuencias del sistema que con tanto celo habían impuesto al Continente. Ni siquiera a un cónclave tan poco escrupuloso le estuvo consentida la falsificación de la lógica de los acontecimientos.

Al ser la preponderancia de Rusia en Europa inseparable del Tratado de Viena, cualquier guerra contra esa potencia que no proclamase desde el principio la abolición del Tratado no podía ser otra cosa que un puro enredizo de imposturas, engaños y complicidades. Pero la actual guerra se lleva a cabo con el objetivo, no de reemplazar, sino de consolidar el Tratado de Viena al incluir a Turquía, de forma complementaria, en los protocolos de 1815. Se espera con ello el amanecer del milenio conservador, y que la suma del esfuerzo de los gobiernos pueda dirigirse exclusivamente a la ”tranquilización” del espíritu europeo. Como se verá a partir de los notables pasajes que siguen -traducidos del panfleto del
mariscal prusiano Knesebeck  ”En relación con el equilibrio de Europa, escrito en las sesiones del Congreso de Viena” [4]-, incluso en la época de celebración de aquel Congreso, los principales actores eran plenamente conscientes de que el ”sistema” traía inexorablemente consigo tanto la preservación de Turquía como el reparto de Polonia [5].

”¡Los turcos en Europa! ¿Qué daño le han hecho los turcos? Son un pueblo poderoso y honrado; Durante siglos a solas en paz, se puede confiar en ellos si se les deja tranquilos ¿Alguna vez le han engañado? ¿Acaso no son sinceros y francos en su política? Son valientes y guerreros, sin duda. Pero, ¿no es ello conveniente y beneficioso por más de un motivo? Son el mejor baluarte contra la invasión de la población asiática excedente, y sólo porque tienen un pie en Europa resisten toda invasión. Si fueran expulsados, serían ellos mismos los que invadirían. Basta imaginarlos fuera de Europa.¿Qué pasaría? Rusia o Austria se harían con la posesión de todos esos países, o se constituiría un Estado griego independiente ¿Deseáis que Rusia sea aún más poderosa? ¿Para que por ese flanco caiga también el coloso sobre vuestra cabezas? ¿Os parece poco que haya avanzado en su paso desde el Volga hasta el Niemen, desde el Niemen hasta el Vístula, y ahora probablemente llegue tan lejos como el Warta? Y si tal no fuera el caso, ¿queréis acaso que el poder de Austria se oriente en dirección a Asia, y que de esta manera sea débil o indiferente a la hora de mantener su posición central frente a las invasiones desde Occidente? Recuérdese la posición pasada de Juan Sobieski, de Eugenio de Saboya y de Montecucculi. ¿C´mo pudo Francia extender su dominio hacia Alemania, sino es porque el poder de Austria estaba necesariamente ocupado de forma constante en resistir a las invasiones de Asia? ¿Deseáis restaurar ese estado de cosas, y aun que se agrave, acercándolo más a Asia?

”¡Habrá que crear, así pues, un Estado griego’, o bizantino, ‘separado!” ¿Mejorará ello la situación de Europa? ”En el estado de estupor en el que esa gente” (los griegos) ”se han hundido, ¿no tendría Europa, por el contrario, que verse obligada continuamente a movilizarse en armas para protegerse de los turcos que regresan? ¿No se convertiría Grecia simplemente en una colonia de Rusia, como consecuencia de la influencia que Rusia poseería sobre ese Estado a través de la religión, el comercio y la deuda? Más vale dejar a los turcos donde están, y no despertar a la inquieta potencia mientras reposa. ‘Pero’, exclama un filántropo bienintencionado, ‘allí se maltrata a la gente’. La parte más hermosa del mundo, incluyendo las antiguas Atenas y Esparta, ¡están habitadas por bárbaros! ‘

”Puede que todo esto sea verdad, amigo mío: hay en la actualidad hombres, o había hasta hace poco, a quienes se estrangula; pero en otras partes se les fustiga, se les azota y se les vende. Antes de cambiar nada, piense si puede mejorar usted mismo; si los bastonazos y baquetazos aplicados con perfidia griega serían más fáciles de soportar que el cordón de seda y el firmán de los turcos. Acabe primero con esas cosas, y con la trata de esclavos en Europa, y consuélese de la falta de civilización del turco; su incivilidad es una fuerza, su fe le da valor, y nosotros precisamos de fuerza y ??de valor para poder contemplar tranquilamente al moscovita imponiéndose hasta el Warta.”

”Por tanto, hay que preservar a los turcos, pero ¡hundir a los polacos como nación! Sí, no puede ser de otra manera.
”Lo que tiene fuerzas para levantarse, perdura; lo que está enteramente podrido, debe perecer Y así es. Que cualquiera se pregunte cuál sería el resultado si se dejase ser independiente a la nación polaca en
su carácter natural. Embriaguez, gula, servilismo…, desprecio por todo lo que es bueno y a todos los demás pueblos, burla desdeñosa de todo orden y costumbre, la extravagancia, el libertinaje, la venalidad, la artimaña, la traición, la inmoralidad del palacio a la granja; así está el polaco en su elemento. Por eso canta sus canciones, toca el violín y la guitarra, besa a su amante y bebe en su zapato, saca su espada, acaricia el bigote, monta su caballo, marcha a la batalla con Dumouriez y Bonaparte o cualquier otra persona en la tierra, se deleita en abundante aguardiente y ponche, pelea con amigos y enemigos, maltrata a su esposa y a su siervo, vende su propiedad, se va al extranjero, perturba a la mitad del mundo, y jura por Kosciuszko y Poniatowski que Polonia no perecerá, ¡tan seguro como que él es polaco!

”He aquí lo que apoya cuando dice que Polonia debe ser restaurada.

”¿Merece tal nación existir? ¿Es un pueblo así capaz de una Constitución? Una Constitución presupone una idea de orden, [...] porque no hace otra cosa que regular, y otorga a cada miembro de la comunidad el lugar que le corresponde, razón por la que determina los esstamentos de los que el Estado se compone, y para cada rango, su lugar, estamento, orden, derechos y deberes, así como el curso de la máquina del Estado y los principales rasgos de su gobierno. ¿Qué? ¿Gobernar un pueblo donde no hay orden? Un rey polaco (Stefan Batory) una vez exclamó: ‘Los polacos no conocen de orden alguno; ni gobierno que respeten; ¡a una mera casualidad debe la continuación de su existencia! ‘
”Y así sigue siendo. Desorden, inmoralidad: es como los polacos están en su elemento. No,.. que esas gentes sigan bajo el bastón. Así lo quiere la Providencia. El Altísimo sabe lo que es provechoso para la humanidad…
”Por la presente, por tanto, ¡no más polacos!”

La actual guerra tiene, por tanto, el objetivo de hacer realidad la visión del viejo mariscal Knesebeck: una guerra para extender y consolidar el Tratado de Viena de 1815. Durante todo el período de la Restauración y [luego, durante] la Monarquía de Julio [1830] Francia vivió en el espejismo de que el ”napoleonismo” significaba la abolición del Tratado de Viena, que había colocado a Europa bajo la tutela oficial de Rusia, y a Francia bajo la ”surveillance publique” [supervisión pública] de Europa. Ahora, el imitador de su tío, hechizado por la ironía inexorable de su situación fatal, está demostrando al mundo que ”napoleonismo” es sinónimo de guerra, y no para emancipar a Francia del, sino para someter a Turquía al Tratado de Viena. Guerra en interés del Tratado de Viena y con el pretexto de poner a prueba ¡el poder de Rusia!

Esta es la auténtica ”Idée Napoléonienne” [6] según la interpretación del hombre resurrecto en París. Como los ingleses son los aliados orgullosos del segundo Napoleón, se creen, por supuesto, autorizados a lidiar con los dichos del viejo Napoleón de la misma manera que hace su sobrino con sus ideas. No debemos asombrarnos, por tanto, de leer recientemente en un autor inglés, (Dunlop), [7] que Napoleón habría predicho que la próxima lucha con Rusia entrañaría la gran disyuntiva del porvenir de Europa: ”o constitucional o cosaca”. Antes de los días del Bajo Imperio, [8] lo conjeturable es que Napoleón hubiera dicho: ”o republicana o cosaca”. [9] Sin embargo, el mundo vive y aprende.

(Y por no apreciar las glorias del Tratado de Viena y del ”sistema” europeo construido sobre él, la Tribune es acusada de infidelidad ¡a la causa de los derechos humanos y de la libertad!.) [10]- Karl Marx, New York Daily Tribune, 10 de julio 1855
Notas de los editores
[1] El Congreso de Viena de los monarcas europeos y sus ministros (septiembre 1814-junio 1815) puso fin a las guerras de la coalición europea contra la Francia napoleónica. A el asistieron representantes de todos los Estados europeos, excepto Turquía. El Congreso puso de manifiesto marcadas diferencias entre los principales participantes: Rusia y Prusia, por una parte, y Austria, Gran Bretaña y Francia, por la otra. Las prolongadas negociaciones fueron acompañadas de interminables bailes, mascaradas y eventos teatrales. Las decisiones del Congreso (que Marx llama en el texto el Tratado de Viena, es decir, la suma total de los acuerdos internacionales, incluyendo el Acta Final de 9 de junio de 1815) ayudaron a reinstaurar varias dinastías reales derrocadas durante la Revolución Francesa y las guerras napoleónicas, sellaron la desunión política de Alemania e Italia, sancionaron la anexión de Bélgica por Holanda y la partición de Polonia, y esbozaron medidas para combatir los movimientos revolucionarios y de liberación nacional, preparando así el terreno para la Santa Alianza, una unión contrarrevolucionaria de los monarcas europeos.
[2] Dominique Dufour de Pradt, Du Congrès de Vienne, t. I, p. 262
[3] Marx se refiere al tratado secreto de alianza contra Rusia y Prusia firmado por Francia, Austria y Gran Bretaña en la capital austríaca el 3 de enero de 1815, durante el Congreso de Viena. Junto con el canciller Metternich de Austria y el secretario de relaciones exteriores británico Castlereagh, Talleyrand-Périgord, el representante francés en el Congreso, jugó un papel destacado en la preparación del Tratado, tratando de explotar las diferencias entre los miembros de la antigua coalición anti-napoleónica. La formación de la alianza anglo-austro-francesa obligó a Prusia a reducir sus pretensiones sobre el Reino de Sajonia y en relación con los territorios polacos.
[4] K.F. Knesebeck, Denkschrift, betreffend morir Gleichgewichts-Lage Europa, Min Zusammentritte des Wiener Congresos Verfasst. Los fragmentos citados a continuación (con omisiones y adiciones explicativas) son de las pp. 11-14.
[5] Los tratados firmados por Rusia, Prusia y Austria en Viena el 3 de mayo de 1815 y el Acta Final del Congreso de Viena firmada el 9 de junio de 1815, sancionó la abolición del Ducado de Varsovia, creado por Napoleón en 1807, y un nuevo reparto de las tierras polacas entre Austria, Prusia y Rusia.
[6] Alusión al libro de Luis Bonaparte, Des idées napoléoniennes, publicado en París en 1839.
[7] Probable referencia al libro de A.G. Dunlop Cossack Rule, and Russian Influence in Europe, and over Germany.
[8] Bajo Imperio (Bas Empire): nombre que se da en la literatura histórica al Imperio Romano de Oriente (Bizancio); también se utiliza para referirse a los estados en su fase de decadencia o desintegración. Aquí es una alusión al Segundo Imperio en Francia.
[9] Referencia a la declaración de Napoleón en Santa Elena de que Europa estaba destinada a convertirse en ”republicana o cosaca” (citado por E. Las Cases en su Memorial de Sainte-Helene …, t. 3, p. 111).
[10] El último párrafo de este artículo fue presumiblemente añadido por los editores del New York Daily Tribune.
Karl Marx (1818-1883), militante del ”ala socialista-comunista” del republicanismo democrático revolucionario del siglo XIX. Filósofo, jurista, historiador, economista y periodista, fue cofundador de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT). Coautor con Friedrich Engels del panfleto político más leído de la historia, El manifiesto comunista, y autor, entre otros, del inconcluso tratado El Capital, critica de la economía política.


Traducción para http://www.sinpermiso.info: Gustavo Buster

22
sep
14

uruguay …

 Territorio comanche: Cardona y Florencio Sánchez

 

escribe: Esteban Valenti (*)

Territorio comanche es una novela de culto para los periodistas de zonas de conflicto. “Para un reportero en una guerra, territorio comanche es el lugar donde el instinto dice que pares el coche y des media vuelta; donde siempre parece a punto de anochecer y caminas pegado a las paredes, hacia los tiros que suenan a lo lejos, mientras escuchas el ruido de tus pasos sobre los cristales rotos.

El suelo de las guerras está siempre cubierto de cristales rotos. Territorio comanche es allí donde los oyes crujir bajo tus botas, y aunque no ves a nadie sabes que te están mirando.” Del blog de Arturo Pérez-Reverte.

Hace algunos años, algunas zonas del país eran para la izquierda territorios muy complejos, donde se respiraba mucha hostilidad y rechazo. Ahora todo ha cambiado. De todas maneras en Cardona y Florenzio Sanchez, esas dos poblaciones hermanadas o separadas por una vía de ferrocarril y por pertenecer a dos departamentos, Soriano y Colonia, tienen un rasgo común: el Frente Amplio sale tercero en las elecciones. Primero el Partido Nacional, segundos los colorados y tercero el FA.

Esta es una crónica comentada. A veces el mejor análisis surge de la propia realidad, de sus matices y sus protagonistas. Este es un intento.

A nivel departamental, en las dos últimas elecciones compartieron una característica, en Soriano y Colonia en la elección nacional ganó el FA y en las municipales ganaron los candidatos blancos.

Estuvimos con Selva durante 6 horas el pasado sábado 6 de setiembre. La crónica es breve. Nos invitaron los compañeros del Comité de Cardona, de todos los sectores que lo integran, cuando nos visitaron en Montevideo. Llegamos, recorrimos durante 40 minutos en una mini caravana de seis autos ambas ciudades, pudimos comprobar los cambios que se han producido, la prosperidad que se ve y se toca, en casas nuevas, en casas pintadas, en talleres mecánicos y metalúrgicos, en varias empresas de camiones, en negocios nuevos, en canchas deportivas nuevas y muchas otras cosas. No hay la menor duda que son ciudades prosperas y confiadas.

Un solo detalle, no hay nada más suntuario que pintar la propia casa, cuando se hace es porque lo demás está resuelto, la comida, la vestimenta, el equipamiento, la salud, la continuidad de los recursos familiares y el interior del país es un mar de casas pintadas, incluso con colores atrevidos, como si quisieran espantar el gris.

Para llegar a Cardona y F. Sanchez hicimos 180 kilómetros de prosperidad, de una desbordante economía agropecuaria, de animales, campos cultivados, praderas, maquinaria de todo tipo y de confianza. Se respiran colores y confianza.

Luego nos reunimos en el comité de Cardona, con periodistas locales y un grupo de adherentes del FA. Muy interesante, las preguntas de los periodistas muy precisas, muy profesionales y muy actualizadas. Cruzamos la frontera y nos reunimos en el comité de Florencio Sánchez, mucho más amplio, pero alquilado, aclaran sus vecinos del otro lado de la vía. Local repleto y bastante gente joven.

Les ahorro mi introducción y mis respuestas. Agradezcan. Muchas preguntas, intervenciones y opiniones de los asistentes. Me sentí 25 años más joven, estaba en un comité de base lleno de vida, de efervescencia. ¿Cuáles eran las condiciones para eso? Era unitario en la diversidad, había gente de muchos sectores diferentes y la condición frenteamplista estaba por encima de su propia identidad sectorial. Sin FA difícilmente existirían. Un comité sin dueño. Había gente de diversas generaciones, no todos venían de antes del 2004. Había jóvenes y había proyectos.

Quiero referirme a un doble capital muy importante. Estaban orgullosos de ser frenteamplistas y de lo que había hecho su gobierno en 9 años y medio. Lo exhibían en las dos ciudades y sus alrededores y en su propia condición personal y familiar. Había obreros, profesionales, jubilados, productores rurales, estudiantes. No eran devotos de nada, de ninguna fe, al menos política, podían explicar perfectamente las razones de su satisfacción con los gobiernos progresistas, convivían con esas razones y sin embargo tenían también sus críticas, postergadas, aminoradas por la campaña electoral. Y eran críticos de la campaña electoral y eso no puedo callarlo, mentirlo.

Tienen enojos varios, pero por ejemplo dicen que se han hecho muchas cosas que las intendencias se atribuyen y que se hicieron con recursos aportados por el gobierno nacional o directamente hechas por el MTOP y los que sonríen ante las cámaras y cortan cintas son los dos intendentes blancos.

Las ciudades no brillan precisamente por el estado de sus calles, bastante destruidas por cierto. Ahora están haciendo un amplio bulevar ”electoral” hacia las elecciones municipales. Bueno, al menos es algo

Me reafirmaron que a diferencia de esa actitud nacional del gobierno progresista, no entra ni un solo funcionario municipal en ambos departamentos sin el voto cantado hacia el Partido Nacional.

En la asamblea estuvieron dos candidatos a diputados por Soriano, el compañero Julio Guastavino por el FLS de Soriano, el compañero Enzo Malán de la Lista 90 Socialismo y la compañera  Gianina Prado por la Vertiente y vinieron compañeros de las departamentales de Soriano y Colonia. Nos sacamos fotos y compartimos pizzas y tortas saladas con compañeros del MPP, de la 1001, de la 711, de la 90, del FLS de la 77 5005 y muchos compañeros que eran solo frenteamplistas.

Su dilema es como sintetizar, como resumir en votos todos los cambios, el progreso, el avance económico, social, cultural de la zona. No se hace sólo ni por el peso de los hechos.

Estamos a 50 días de las elecciones y no creo que sea bueno exponer todo lo que conversamos. No hay nada secreto, pero tampoco hay que ser ángeles asexuados. Hay que trabajar, analizar, discutir y sobre todo hacer.

Es claro que tenemos un nivel bajo de embanderamiento y de exposición en las casas, autos, termos, y redes sociales. Internet allí tiene el mismo nivel que en la capital.

Algunos apuntes. Los peones rurales han asumido con fuerza el valor extraordinario de la ley de 8 horas, es su gran conquista, los productores rurales saben, sienten que están mucho mejor, que no están endeudados hasta el cuello, pero allí todavía pesan mucho las tradiciones. Son votos más difíciles. Antes lo eran los votos de los trabajadores rurales. Cambia, todo cambia.

Los frenteamplistas tienen la mejor predisposición para la campaña, para disputar voto a voto, necesitan instrumentos. El principal: claridad en las prioridades. Se han hecho tantas cosas en tan diferentes sectores y con tantos resultados que se tiene la tentación de hacer un gran balance de lo hecho. No alcanza, hay que elegir los avances fundamentales, los que dieron base a todo lo que nos proponemos y, tenemos que definir claramente las prioridades para el futuro. Las cuatro actividades programáticas del FA de los lunes de setiembre son fundamentales.

La inseguridad es un tema que les cae de arriba, de afuera, no tiene absolutamente nada que ver con su realidad ni con la sensación térmica que viven en ambas ciudades. Pero la cantinela ”nacional” golpea en todo el país.

En la reunión estuvieron presentes dos compañeras que se casaron y exhibían con orgullo su matrimonio homosexual. A veces tendemos a creer que ciertos derechos son cosas de intelectuales montevideanos.

Un policía jubilado que se había jubilado hacia tres meses, me corrigió, en el 2005 ganaban 4.000 pesos por mes y en los 90 les pagaban una parte del sueldo con alimentos vencidos. ”En verano nos daban polenta”. Estuvo al firme y opinando en las dos asambleas.

Podrían contar muchas anécdotas, muchas preguntas de los jóvenes sobre cómo convencer a sus compañeros de trabajo y estudio que no vivieron en absoluto la crisis y que consideran que el Uruguay siempre fue próspero y pujante.

Todos demostraron tener claro lo que está en juego si ganara la gran nube de humo de la derecha. Por lo que hicieron en el pasado, por sus responsabilidades en la decadencia y la crisis y porque comienzan a verse los verdaderos propósitos, pero sobre todo porque están conformes, muy conformes con lo que hicieron los gobiernos progresistas y quieren que sigan.

Quieren, reclaman construir nuevamente esa proximidad entre nuestros candidatos a todos los niveles y la gente, el pueblo en el sentido más amplio de la palabra, pero sin ningún visión sectaria. Las elecciones y la democracia nos educan a todos, en amplitud. Hace falta mucha humanidad y mucha humildad. No saben cuánto me cuesta a mi practicar la virtud de la humildad, pero por esa gente, mi gente, nuestra gente vale la pena. No son ni mejores, ni diferentes a todos los uruguayos, tienen ideas que defienden con pasión como otros y saben convivir con las diversidades y con los adversarios.

Nos volvimos con renovadas energías, con nuevos amigos y compañeros, con afectos y exigencias y con la necesidad de mirar la realidad política con muchas matices, en toda su complejidad y en sus cambios.

Sería un verdadero pecado no ganar las elecciones, esa gente se tiene confianza por lo hecho y sobre todo por lo que queda por hacer, que es todavía más importante.

(*) Militante político, periodista, escritor, director de UYPRESS y BITACORA. Uruguay

20
sep
14

salvador allende

 

A 41 años del bombardeo de la Moneda
Salvador Allende en la perspectiva histórica del movimiento popular
 
El historiador británico Eric Hobsbawm sostiene que “en todos nosotros existe una zona de sombra entre la historia y la memoria, entre el pasado como registro generalizado, susceptible de un examen relativamente desapasionado y el pasado como una parte recordada o como trasfondo de la propia vida del individuo”. Y precisando su idea Hobsbawm agrega que “para cada ser humano esta zona se extiende desde que comienzan los recuerdos o tradiciones familiares vivos [...] hasta que termina la infancia, cuando los destinos público y privado son considerados inseparables y mutuamente determinantes. La longitud de esta zona puede ser variable, así como la oscuridad y vaguedad que la caracterizan. Pero siempre existe esa tierra de nadie en el tiempo. Para los historiadores, y para cualquier otro, siempre es la parte de la historia más difícil de comprender” [1] .Pienso que Hobsbawm tiene razón. Algo similar a lo que él describe me ocurre con la figura de Salvador Allende. Aunque varias generaciones nos separaban, alcancé a ser su contemporáneo y a vivir con la ingenuidad de la infancia, primero, y luego con la pasión de los años adolescentes, el tiempo del apogeo de su carrera política, que fue también el del punto máximo alcanzado por el movimiento popular en Chile en sus luchas por la emancipación.

Mi contemporaneidad con Allende y compromiso personal en la causa de la izquierda y del movimiento popular son obstáculos adicionales que ponen a prueba mi juicio de historiador. Sin contarme entre quienes que niegan la posibilidad de hacer “historia del tiempo presente”, aquella de la cual hemos sido actores o al menos testigos, debo reconocer que aún hoy, a tres décadas y media del golpe de Estado y de la muerte de Allende, la emoción me embarga al evocar su persona y al escuchar “el metal tranquilo” de su voz.

No postulo que la historia (en el sentido historiográfico o conocimiento sistemático que tenemos acerca de los hechos del pasado) deba carecer absolutamente de emoción y de pasión, pero la sociedad espera que los historiadores tengamos un juicio lo más objetivo, justo y verdadero posible acerca de los acontecimientos históricos. Creo que sobre la historia de Chile de la segunda mitad del siglo XX (y de seguro bastante más atrás) mi mirada tendrá siempre la impronta de alguien comprometido con uno de los bandos en lucha, aun cuando por honestidad intelectual y personal haga los máximos esfuerzos por ponderar las “evidencias históricas”, que, como es sabido, pueden ser acumuladas para apoyar interpretaciones muy disímiles acerca del devenir de una sociedad o de un grupo humano a través del tiempo.

¿Cómo abordar entonces desde un punto de vista ensayístico al personaje histórico Salvador Allende?

Creo que en mi caso lo más conveniente es recurrir a la larga duración que sobrepase con creces su vida, insertándola en el transcurrir general del movimiento popular en Chile. De esta manera, tomando cierta distancia de las contingencias que enfrentó el personaje y que son, precisamente, aquellas que pueden empañar mi visión, quiero aportar un grano en la comprensión del papel de Allende y, al mismo tiempo, de algunos fenómenos de nuestra historia.

Me propongo sostener tres premisas:

1°) Salvador Allende encarnó mejor que nadie desde mediados de la década de 1930 y hasta su muerte en 1973 la continuidad histórica y la línea central de desarrollo del movimiento popular.

Como es sabido, las raíces de este movimiento se hunden hasta mediados del siglo XIX cuando algunos contingentes de artesanos y obreros calificados levantaron un ideario de “regeneración del pueblo” en base a una lectura avanzada y popular de los postulados liberales. El mutualismo y otras formas de cooperación fueron la expresión práctica de este proyecto de carácter laico, democrático y popular. Con el correr del tiempo, el desarrollo del capitalismo y la llegada de las ideologías de redención social provocaron desde fines de ese siglo el ascenso del movimiento obrero y con él una metamorfosis de la doctrina, las formas de organización y de lucha de los sectores populares. Desde comienzos del siglo XX el ethos colectivo del nuevo movimiento se sintetizó en la aspiración (más radical) de la “emancipación de los trabajadores” y se expresó en el surgimiento del sindicalismo y la adopción por parte del movimiento obrero y popular de los nuevos credos de liberación social del anarquismo y el socialismo. Con todo, a pesar de la mutación en un sentido de mayor radicalidad (de la “cooperación” a la lucha de clases), un tronco de tipo ilustrado, regenerativo y emancipador representó una cierta continuidad entre esas dos fases o momentos del movimiento popular [2] .

Salvador Allende hizo sus primeras experiencias políticas cuando el movimiento popular se aprestaba a transitar por los cauces institucionales que no abandonaría hasta que el golpe de Estado de 1973 lo interrumpiera brutalmente. Así, después de más de una década de convulsiones sociales y políticas, a mediados de los años 30, el movimiento popular y la izquierda, dando su “brazo a torcer”, optaron mayoritariamente por incorporarse al juego político institucional, retomando –después de algunas veleidades rupturistas- un transitar más evolutivo, pacífico, parlamentario y reformista, que era, en definitiva, el que siempre habían escogido los trabajadores toda vez que las clases dirigentes se los habían permitido.

Desde este “gran viraje” (según la acepción de Tomás Moulian) de mediados de los años 30 que inauguró la política de Frente Popular, la izquierda y el movimiento popular asociado a ella, optó clara y mayoritariamente por aceptar las reglas puestas por el “Estado de compromiso” proclamado por la Constitución de 1925, pero que recién por esos años empezó a hacerse realidad [3] . Allende, como esa sabido, jugó un papel destacado en esta “nueva” estrategia ya sea como ministro de Estado, parlamentario, dirigente partidario y –más allá de sus cargos formales- en tanto líder político popular. El Frente Popular, luego el Frente del Pueblo, el Frente de Acción Popular y, finalmente, la Unidad Popular, fueron los hitos aliancistas a través de los cuales la política de la izquierda y del movimiento popular se hicieron realidad. Esto fue, en síntesis, el contenido más esencial del “allendismo” como sentimiento y corriente política de masas. En este sentido, la acción y la persona de Allende –persistente hasta el último de sus días en un camino de unidad- fueron la expresión más paradigmática de una vía y de una estrategia para alcanzar el ideal de la emancipación popular.

2°) Salvador Allende encarnó la dialéctica no resuelta de reforma o revolución.

Aún cuando el apego de Allende a la vía parlamentaria y a las reglas del juego del “Estado de compromiso” fueron permanentes, la izquierda y el movimiento popular en los últimos años de la vida de este líder se vieron envueltos en un debate y en una encrucijada no resuelta que anuló los esfuerzos que en distintos sentidos se hicieron para dar conducción al movimiento y una salida al impasse político. Es el “empate catastrófico” entre las dos vías –la “rupturista revolucionaria” y la “moderada revolucionaria” del cual nos ha hablado Tomás Moulian en su Conversación interrumpida con Allende [4] . A 35 años de distancia, la disyuntiva ¿reforma o revolución? pierde los contornos que en la década de 1970 nos parecían tan nítidos. Si bien la revolución “con empanadas y vino tinto” preconizada por Allende, en esencia la vía electoral reforzada por la movilización popular, mostró sus límites en un contexto internacional de gran polarización, la “revolución” tal como la concebíamos entonces, ya no es posible y -más aún- ni siquiera deseable.

La “caída de los muros”, la terciarización de las economías, los cambios tecnológicos y de las estructuras sociales en Chile y el mundo, la emergencia de nuevas problemáticas y de un mundo unipolar dominado por un gran Imperio, amén de un sinnúmero de razones que apuntan mayoritariamente a la consolidación del modelo de dominación, hacen de la “revolución” según el esquema clásico, un fetiche puramente nostálgico más allá de la eficiencia técnica (a estas alturas bastante hipotética) de sus métodos para asaltar el poder.

La oposición entre la vía reformista electoral y la vía revolucionaria armada no es ya un punto de quiebre al interior de la izquierda y del movimiento popular, pero sí lo son, por ejemplo, la adhesión o el rechazo al modelo neoliberal y a la dominación imperial. A la luz de este nuevo dilema, la política de Allende adquiere renovada relevancia histórica. Su “reformismo rupturista” o “reformismo revolucionario” nos parece hoy día -incluso a sus críticos de izquierda de entonces- el sumun a lo que podríamos aspirar en estos tiempos de globalización neoliberal. Curiosa paradoja de la historia: lo que antes era considerado altamente insuficiente llega a ser “el bien mayor”. El allendismo del período de la Unidad Popular fue la expresión de una tentativa abortada por resolver en una síntesis dialéctica la disyuntiva entre reforma o revolución que el contexto histórico de los años 70 -ahora lo percibimos con claridad- no permitía solucionar. Con todo, a pesar de verse atrapado en ese callejón sin salida, Allende en el día de su muerte, y con su muerte, intentó dejar una herencia política de contenido “reformista revolucionario”.

3°) En la historia del movimiento popular el golpe de Estado de 1973 representa un quiebre total, un “puente roto” que no se ha vuelto a reparar.

En su mensaje de despedida Salvador Allende vaticinó que “otros hombres” superarían ese momento gris y amargo. Esos nuevos hombres retomarían la senda interrumpida de la izquierda y del movimiento popular. Los heroísmos, sacrificios y reencantamientos militantes de la lucha de resistencia contra la dictadura parecieron reanudar la marcha del movimiento popular. El combate contra la opresión de la tiranía se inscribía perfectamente en la perspectiva general –y de muy larga duración- en pro de la emancipación del pueblo. Pero la infinita “transición a la democracia” que vino enseguida, los acomodos y reacomodos de la clase política, la decepción y desmovilización popular, demostraron que sólo por un efecto de espejismo el movimiento popular había parecido rearticularse duraderamente al calor de las protestas de la década de 1980. En realidad, una vez que el “enemigo visible” se metamorfoseó tras el discurso de reencuentro y reconciliación nacional, el movimiento popular perdió su norte, quedando en evidencia que el ethos colectivo de la emancipación de los trabajadores que lo había animado durante tanto tiempo, se había extraviado o difuminado en medio del derrumbe ideológico que acompañó al fin del llamado “campo socialista” y en el empeño criollo por recuperar la democracia.

¿Cuál es el ethos colectivo del mundo popular en el Chile actual? ¿Hay un cuerpo de ideas básicas que articule sus demandas? ¿Se manifiesta una aspiración común –como fue en la época de Allende la conquista de un gobierno popular- que cristalice en un objetivo político fácilmente identificable las distintas reivindicaciones sectoriales? ¿Y si esto no es así, sin ese corpus mínimo de ideas y anhelos compartidos, es posible concebir la existencia de un movimiento popular?

La verdad es que los sectores populares han desaparecido en tanto sujetos políticos, quedando reducidos a la categoría de clientela que oscila entre las alternativas de administración “progresista” del modelo o gestión “populista” de derecha del mismo. El mercado ha reemplazado a las formas orgánicas de sociabilidad que hicieron posible la existencia de un movimiento popular que tuvo expresiones sociales y políticas, una de cuyas vertientes históricas más caudalosas y persistentes fue el allendismo. Es por ello que, al margen de las añoranzas, en términos políticos reales no hay allendismo actualmente en Chile (porque podría haber allendismo sin Allende como ha existido en otras partes peronismo sin Perón o gaullismo sin De Gaulle). Por las mismas razones no ha surgido un líder popular de la talla de Allende ni nada que se le parezca. Allende como hombre político –y esto es de Perogrullo- fue el producto de un tiempo, de una relación entre una personalidad descollante y un movimiento social y político del cual él fue intérprete y expresión.

Para que vuelvan a “abrirse las grandes Alamedas” (que aún permanecen cerradas) se necesitarán de “otros hombres” que estimulen el desarrollo de fuertes movimientos sociales, hombres y mujeres capaces de retomar el hilo conductor del movimiento popular en una perspectiva de futuro y no de mera evocación nostálgica. Mientras esto no ocurra, el legado político de Allende continuará siendo un capital inmovilizado, un icono desprovisto de significado histórico concreto y de operatividad política real.


  Dr. en Historia, profesor del Departamento de Ciencias Históricas de la Universidad de Chile. La primera versión de este texto fue publicado en 2003.

[1] Eric Hobsbawm, La era del imperio, 1875-1914, Buenos Aires, Crítica, 1998, pág. 11.

[2] Sergio Grez Toso, De la “regeneración del pueblo” a la huelga general. Génesis y evolución histórica del movimiento popular en Chile (1810-1890), Santiago Ediciones de la DIBAM – RIL Ediciones, 1998; “Una mirada al movimiento popular desde dos asonadas callejeras (Santiago, 1888-1905)”, en Cuadernos de Historia, N°19, Santiago, diciembre de 1999, pp. 157-193; “Transición en las formas de lucha: motines peonales y huelgas obreras en Chile (1891-1907)”, en Historia, vol. 33, Santiago, 2000, pp. 141-225; Los anarquistas y el movimiento obrero. La alborada de ‘la Idea’ en Chile (1893-1915), Santiago, Lom Ediciones, 2007.

[3] Tomás Moulian, “Violencia, gradualismo y reformas en el desarrollo político chileno”, en Adolfo Aldunate, Ángel Flisfich y Tomás Moulian, Estudios sobre el sistema de partidos en Chile, Santiago, FLACSO, 1985, págs. 13-68. La idea del “gran viraje” de la izquierda está expuesta más específicamente en págs. 49 y 50.

[4] Tomás Moulian, Conversación interrumpida con Allende Santiago, LOM Ediciones – Universidad ARCIS, [1998].




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