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26
sep
14

lacalle pou …

 

El pegajoso abrazo del osito cariñosito

 

escribe.Esteban Valenti Periodista, escritor, director de UYPRESS y de BITACORA. Uruguay
La gran operación política electoral de las fuerzas conservadoras-restauradoras es sin duda el ”clinch pegajoso” y si faltaba alguna confirmación,  el acto de lanzamiento de su programa en Kibon el pasado lunes 15 de setiembre fue terminante.
Una combinación de buenos propósitos, de autoayuda sicológica para afrontar las dificultades derivadas de las últimas encuestas y sobre todo de los resbalones por ciertas declaraciones a la prensa, muy próximas a la verdad.
Luego de escuchar el discurso de Lacalle se tiene la sensación de la promesa de un país gobernado por los ”Ositos cariñositos” (1). Bordaberry que es un político serio de derecha, se debe querer boletear cada vez que lo escucha.
Existe una perfecta sincronización entre los discursos, las puestas en escena, la presencia o ausencia en la prensa del candidato y la campaña publicitaria. No funcionan de la misma manera los discursos y declaraciones de asesores y consejeros que de vez en cuando se les suelta la cadena y dicen lo que piensan, incluso brutalmente. Es el caso del economista Juan Dubra en INFOBAE, que ahora incluso se borró de Twitter Y otros más notorios y notables.
Pero el eje político fue la convocatoria a un gobierno de acuerdo y de equipos. Lo de equipos es difícil hacerlo aparecer como algo novedoso, en el Uruguay todos los gobiernos construyeron sus equipos en los diferentes ministerios y áreas de la acción. Lo que quiere ser ”renovador” es la convocatoria a acuerdos entre los diferentes partidos.
Las razones son de dos tipos. Si hay una cosa clara en las encuestas es que el Frente Amplio luego de 10 años de gobernar sigue siendo la primera fuerza política nacional, por un importante margen y por lo tanto luego de los chisporroteos entre los dos candidatos conservadores, Pedro Bordaberry y Luis Lacalle, cualquier alternativa de gobierno les exigirá una negociación, entre ellos y dentro de sus propios partidos. Los programas presentados por los candidatos son una vaga referencia, luego de las elecciones y en la remota eventualidad de ganar comienza la verdadera negociación en todos los frentes. Eso es inevitable. Lacalle sabe que a lo sumo tendrá algo más de 30 diputados en 99. Así que lo que está haciendo es simplemente reconociendo la realidad. Ninguna renovación.
La segunda razón, es el famoso clinch cariñocito, es decir atrapar al Frente Amplio en un abrazo pegajoso donde trata de quedarse con los méritos de estos 10 años mientras y, por las fuerzas conservadoras, es decir la derecha, dar la imagen que todo se negociará entre todos. Falso, ni siquiera demuestran intención de una negociación social en serio.
Para ello juega con ese especie de ”sentido común” de que los políticos no deben pelearse, deben cooperar y ponerse de acuerdo. Es decir exactamente todo, absolutamente todo lo contrario de lo que hizo el Partido Nacional durante su gobierno en los años 90, donde excluyó al FA de cualquier cargo en los entes u otros organismos del Estado. El cambio, es obviamente sin ninguna autocrítica, es puro y despiadado marketing  político. La consigna es responder las preguntas de la sociedad y de los sectores de acuerdo a la menor resistencia posible. A cada uno lo que quiera escuchar. El osito cariñosito
Esos supuestos acuerdos nacionales para gobernar son imposibles, no por tozudez de nadie, sino por el más elemental realismo político, que aflorará en toda su potencia al otro día de las elecciones y en todos los partidos. Basta mirar los programas de todas las fuerzas políticas y comprender que existen limitaciones de fondo y es lo más natural del mundo que existan. El ellos lo saben perfectamente, es puro marketing de gobernabilidad y nada más.
Las limitaciones mucho  más de fondo para esos supuestos acuerdos de gobernabilidad es decir para someterse al abrazo pegajoso, son las prácticas, es la experiencia de los 30 años de gobiernos democráticos posteriores a la dictadura.
No hay acuerdo sobre los temas de fondo, sobre las principales líneas de un gobierno. No hay acuerdo sobre la política económica y social que aplicó el FA y la que aplicarían Lacalle-Bordaberry, sobre la política de seguridad, sobre la educación, sobre las relaciones laborales y sociales en general, sobre  el proceso de descentralización, sobre la salud y en muchos otros aspectos. Y es natural que así sea, porque expresamos conglomerados sociales y culturales diferentes, y que existen, no son una invención añejada, son la realidad actual.
Cuando Lacalle habla de equilibrar los Consejos de Salarios, está hablando de volver a colocar el gobierno del lado de los sectores patronales más conservadores, los que con su plataforma de 41 puntos expresan en toda su desnudez su programa propio para el próximo gobierno. Están en todo su derecho y nosotros a discutirlo.
Cuando algunos sectores hablan de competitividad, mientras el país alcanza todos los años un nuevo record en materia de exportaciones, en realidad están hablando de ganancias, de niveles de ganancia y por lo tanto de distribución de la torta. En esas cosas no hay temas asexuados, sin dolores. Si aumentan las ganancias, es porque alguien pierde. Y a pesar de que los patrimonios de esos sectores han crecido de manera exponencial, sus ventas, sus inversiones y sus rentas en estos diez años han sido muy buenas porque la porción de la torta disminuyó, pero la torta creció como nunca pero siempre van a reclamar una ecuación de costos más favorable, es decir más ganancias. Y que pague el estado, sus inversiones y servicios y/o los salarios y las prestaciones sociales.
¿Alguien puede creer seriamente que las 8 horas para los trabajadores rurales es un ”olvido” de los gobiernos blancos y colorados durante décadas, con todos los vientos posibles? Para tomar solo un ejemplo y más allá del desajuste declaratorio del candidato. El tema es de fondo.
El bloque progresista hoy en el Uruguay no está formado solamente por los trabajadores, sectores importantes de las capas medias cultas y urbanas y sectores juveniles, se ha ensanchado mucho. Hay sin duda sectores de micro, pequeños, medios y hasta empresarios nacionales importantes, que acompañan o se han integrado por dos razones o por una de ellas. Porque vieron que la política económica y social del progresismo dio mucho mejores resultados para el país que los anteriores gobiernos y que se puede perfectamente crecer y distribuir, incluso algunos comprendieron que hemos crecido tanto porque distribuimos. Otros porque asumieron que una sociedad dividida de manera tan neta, desintegrada socialmente, no es el mejor lugar para vivir y ni siquiera para prosperar.
Hay algunos sectores empresariales que asumiendo a regañadientes esos méritos y los resultados económicos y sociales, tienen todavía un fuerte apego ideológico por los partidos tradicionales y por encima de sus bolsillos, funcionan sus cabezas. Es natural y confirma que los temas ideológicos existen a todos los niveles.
El plan del clinch pegajoso no es solo político e ideológico, es una gran operación ideológica: basta de divisiones y tensiones sociales, marchemos todos juntos. Eso si, restaurando los equilibrios y con el liderazgo de ellos. De la derecha.
Para algunos políticos, de derecha, y algunos que les hacen eco, hablar en Uruguay de izquierda y derecha es anacrónico. Es otra falsedad que pegotea al clinch. Las encuestadoras le preguntan a los ciudadanos por su autodefinición ideológica y el 90% contesta y se define entre las tres respuestas clásicas: izquierda, centro y derecha.
Es cierto es la izquierda y la derecha uruguaya, bien uruguaya del año 2014, son abrumadoramente democráticas, pero con las mismas referencias internacionales tradicionales, los mismas brújulas y puntos cardinales de siempre, en un país muy distinto. Pero que no es distinto porque se borraron las diferencias, sino porque por primera vez en la historia gobernó el progresismo, una izquierda muy amplia. Y a pesar de todos los augurios terribles que se hicieron antes de asumir, y durante sus dos gobiernos, logró los mejores resultados para el país, para todos y en especial para los que viven de su trabajo y para los más débiles de los últimos 80 años.
Lo han dicho Tabaré, Mujica y Astori, no nos sentimos los fundadores de la patria, y asumimos plenamente nuestro pasado, completo y complejo, el de toda la nación, pero lo que está claro es que en 10 años los uruguayos reconquistamos un capital invalorable: el optimismo que habíamos perdido en 12 años de dictadura y 20 años de gobiernos blancos y colorados.  Y el clinch no lo aceptamos porque sería nefasto para el país. En primer lugar porque es falso, es una pose imposible.
Luchemos por nuestras ideas y nuestras posiciones con lealtad entre nosotros, pero sobre todo con lealtad hacia la gente. El clinch pegajoso es puro humo.

(1) Una genial definición de Darwin Desbocati.

24
sep
14

karl marx

Excentricidades de la política

 

escrito; sobre KARL MARX

 
Karl Marx fue el economista y científico social más importante e influyente del siglo XIX. Eso es sobradamente sabido.

Pero fue también un formidable periodista de investigación y un soberbio analista de la coyuntura política internacional de su tiempo. Este inédito que reproducimos hoy -tan actual, por lo demás: ¡en tantas cosas estamos de vuelta al XIX!- viene a ilustrar ese juicio de valor. SP.

En su libro sobre el Congreso de Viena, el Abate de Pradt acusa con toda justicia al ”congreso bailarín”, como fue llamado por el Príncipe de Ligne, de haber sentado las bases de la supremacía rusa en Europa y de haberla sancionado. [1]

”Así”, escribe, ”sucedió que la guerra europea de independencia contra Francia terminó con el sometimiento de Europa a Rusia. De poco valió tanta fatiga para semejante resultado”. [2]

La guerra contra Francia. Que era al mismo tiempo una guerra contra la revolución, una guerra antijacobina, condujo naturalmente a una transferencia de la influencia de Occidente a Oriente, de Francia a Rusia. El Congreso de Viena fue el retoño natural de la guerra antijacobina; el Tratado de Viena, el producto legítimo del Congreso de Viena; y la supremacía de Rusia, el hijo natural del Tratado de Viena. No es, pues, de recibo que el grueso de los escritores ingleses, franceses y alemanes le echen toda la culpa a Prusia solo porque Federico Guillermo III, cegado por su devoción al Emperador Alejandro, diese órdenes categóricas a sus embajadores a fin de que tomasen el partido de Rusia en todas las cuestiones importantes, frustrando así los meditados planes del infame triunvirato -Castlereagh, Metternich y Talleyrand- para erigir barreras territoriales seguras contra las invasiones rusas [3] y, de esta guisa, protegerse de las desagradables pero inevitables consecuencias del sistema que con tanto celo habían impuesto al Continente. Ni siquiera a un cónclave tan poco escrupuloso le estuvo consentida la falsificación de la lógica de los acontecimientos.

Al ser la preponderancia de Rusia en Europa inseparable del Tratado de Viena, cualquier guerra contra esa potencia que no proclamase desde el principio la abolición del Tratado no podía ser otra cosa que un puro enredizo de imposturas, engaños y complicidades. Pero la actual guerra se lleva a cabo con el objetivo, no de reemplazar, sino de consolidar el Tratado de Viena al incluir a Turquía, de forma complementaria, en los protocolos de 1815. Se espera con ello el amanecer del milenio conservador, y que la suma del esfuerzo de los gobiernos pueda dirigirse exclusivamente a la ”tranquilización” del espíritu europeo. Como se verá a partir de los notables pasajes que siguen -traducidos del panfleto del
mariscal prusiano Knesebeck  ”En relación con el equilibrio de Europa, escrito en las sesiones del Congreso de Viena” [4]-, incluso en la época de celebración de aquel Congreso, los principales actores eran plenamente conscientes de que el ”sistema” traía inexorablemente consigo tanto la preservación de Turquía como el reparto de Polonia [5].

”¡Los turcos en Europa! ¿Qué daño le han hecho los turcos? Son un pueblo poderoso y honrado; Durante siglos a solas en paz, se puede confiar en ellos si se les deja tranquilos ¿Alguna vez le han engañado? ¿Acaso no son sinceros y francos en su política? Son valientes y guerreros, sin duda. Pero, ¿no es ello conveniente y beneficioso por más de un motivo? Son el mejor baluarte contra la invasión de la población asiática excedente, y sólo porque tienen un pie en Europa resisten toda invasión. Si fueran expulsados, serían ellos mismos los que invadirían. Basta imaginarlos fuera de Europa.¿Qué pasaría? Rusia o Austria se harían con la posesión de todos esos países, o se constituiría un Estado griego independiente ¿Deseáis que Rusia sea aún más poderosa? ¿Para que por ese flanco caiga también el coloso sobre vuestra cabezas? ¿Os parece poco que haya avanzado en su paso desde el Volga hasta el Niemen, desde el Niemen hasta el Vístula, y ahora probablemente llegue tan lejos como el Warta? Y si tal no fuera el caso, ¿queréis acaso que el poder de Austria se oriente en dirección a Asia, y que de esta manera sea débil o indiferente a la hora de mantener su posición central frente a las invasiones desde Occidente? Recuérdese la posición pasada de Juan Sobieski, de Eugenio de Saboya y de Montecucculi. ¿C´mo pudo Francia extender su dominio hacia Alemania, sino es porque el poder de Austria estaba necesariamente ocupado de forma constante en resistir a las invasiones de Asia? ¿Deseáis restaurar ese estado de cosas, y aun que se agrave, acercándolo más a Asia?

”¡Habrá que crear, así pues, un Estado griego’, o bizantino, ‘separado!” ¿Mejorará ello la situación de Europa? ”En el estado de estupor en el que esa gente” (los griegos) ”se han hundido, ¿no tendría Europa, por el contrario, que verse obligada continuamente a movilizarse en armas para protegerse de los turcos que regresan? ¿No se convertiría Grecia simplemente en una colonia de Rusia, como consecuencia de la influencia que Rusia poseería sobre ese Estado a través de la religión, el comercio y la deuda? Más vale dejar a los turcos donde están, y no despertar a la inquieta potencia mientras reposa. ‘Pero’, exclama un filántropo bienintencionado, ‘allí se maltrata a la gente’. La parte más hermosa del mundo, incluyendo las antiguas Atenas y Esparta, ¡están habitadas por bárbaros! ‘

”Puede que todo esto sea verdad, amigo mío: hay en la actualidad hombres, o había hasta hace poco, a quienes se estrangula; pero en otras partes se les fustiga, se les azota y se les vende. Antes de cambiar nada, piense si puede mejorar usted mismo; si los bastonazos y baquetazos aplicados con perfidia griega serían más fáciles de soportar que el cordón de seda y el firmán de los turcos. Acabe primero con esas cosas, y con la trata de esclavos en Europa, y consuélese de la falta de civilización del turco; su incivilidad es una fuerza, su fe le da valor, y nosotros precisamos de fuerza y ??de valor para poder contemplar tranquilamente al moscovita imponiéndose hasta el Warta.”

”Por tanto, hay que preservar a los turcos, pero ¡hundir a los polacos como nación! Sí, no puede ser de otra manera.
”Lo que tiene fuerzas para levantarse, perdura; lo que está enteramente podrido, debe perecer Y así es. Que cualquiera se pregunte cuál sería el resultado si se dejase ser independiente a la nación polaca en
su carácter natural. Embriaguez, gula, servilismo…, desprecio por todo lo que es bueno y a todos los demás pueblos, burla desdeñosa de todo orden y costumbre, la extravagancia, el libertinaje, la venalidad, la artimaña, la traición, la inmoralidad del palacio a la granja; así está el polaco en su elemento. Por eso canta sus canciones, toca el violín y la guitarra, besa a su amante y bebe en su zapato, saca su espada, acaricia el bigote, monta su caballo, marcha a la batalla con Dumouriez y Bonaparte o cualquier otra persona en la tierra, se deleita en abundante aguardiente y ponche, pelea con amigos y enemigos, maltrata a su esposa y a su siervo, vende su propiedad, se va al extranjero, perturba a la mitad del mundo, y jura por Kosciuszko y Poniatowski que Polonia no perecerá, ¡tan seguro como que él es polaco!

”He aquí lo que apoya cuando dice que Polonia debe ser restaurada.

”¿Merece tal nación existir? ¿Es un pueblo así capaz de una Constitución? Una Constitución presupone una idea de orden, [...] porque no hace otra cosa que regular, y otorga a cada miembro de la comunidad el lugar que le corresponde, razón por la que determina los esstamentos de los que el Estado se compone, y para cada rango, su lugar, estamento, orden, derechos y deberes, así como el curso de la máquina del Estado y los principales rasgos de su gobierno. ¿Qué? ¿Gobernar un pueblo donde no hay orden? Un rey polaco (Stefan Batory) una vez exclamó: ‘Los polacos no conocen de orden alguno; ni gobierno que respeten; ¡a una mera casualidad debe la continuación de su existencia! ‘
”Y así sigue siendo. Desorden, inmoralidad: es como los polacos están en su elemento. No,.. que esas gentes sigan bajo el bastón. Así lo quiere la Providencia. El Altísimo sabe lo que es provechoso para la humanidad…
”Por la presente, por tanto, ¡no más polacos!”

La actual guerra tiene, por tanto, el objetivo de hacer realidad la visión del viejo mariscal Knesebeck: una guerra para extender y consolidar el Tratado de Viena de 1815. Durante todo el período de la Restauración y [luego, durante] la Monarquía de Julio [1830] Francia vivió en el espejismo de que el ”napoleonismo” significaba la abolición del Tratado de Viena, que había colocado a Europa bajo la tutela oficial de Rusia, y a Francia bajo la ”surveillance publique” [supervisión pública] de Europa. Ahora, el imitador de su tío, hechizado por la ironía inexorable de su situación fatal, está demostrando al mundo que ”napoleonismo” es sinónimo de guerra, y no para emancipar a Francia del, sino para someter a Turquía al Tratado de Viena. Guerra en interés del Tratado de Viena y con el pretexto de poner a prueba ¡el poder de Rusia!

Esta es la auténtica ”Idée Napoléonienne” [6] según la interpretación del hombre resurrecto en París. Como los ingleses son los aliados orgullosos del segundo Napoleón, se creen, por supuesto, autorizados a lidiar con los dichos del viejo Napoleón de la misma manera que hace su sobrino con sus ideas. No debemos asombrarnos, por tanto, de leer recientemente en un autor inglés, (Dunlop), [7] que Napoleón habría predicho que la próxima lucha con Rusia entrañaría la gran disyuntiva del porvenir de Europa: ”o constitucional o cosaca”. Antes de los días del Bajo Imperio, [8] lo conjeturable es que Napoleón hubiera dicho: ”o republicana o cosaca”. [9] Sin embargo, el mundo vive y aprende.

(Y por no apreciar las glorias del Tratado de Viena y del ”sistema” europeo construido sobre él, la Tribune es acusada de infidelidad ¡a la causa de los derechos humanos y de la libertad!.) [10]- Karl Marx, New York Daily Tribune, 10 de julio 1855
Notas de los editores
[1] El Congreso de Viena de los monarcas europeos y sus ministros (septiembre 1814-junio 1815) puso fin a las guerras de la coalición europea contra la Francia napoleónica. A el asistieron representantes de todos los Estados europeos, excepto Turquía. El Congreso puso de manifiesto marcadas diferencias entre los principales participantes: Rusia y Prusia, por una parte, y Austria, Gran Bretaña y Francia, por la otra. Las prolongadas negociaciones fueron acompañadas de interminables bailes, mascaradas y eventos teatrales. Las decisiones del Congreso (que Marx llama en el texto el Tratado de Viena, es decir, la suma total de los acuerdos internacionales, incluyendo el Acta Final de 9 de junio de 1815) ayudaron a reinstaurar varias dinastías reales derrocadas durante la Revolución Francesa y las guerras napoleónicas, sellaron la desunión política de Alemania e Italia, sancionaron la anexión de Bélgica por Holanda y la partición de Polonia, y esbozaron medidas para combatir los movimientos revolucionarios y de liberación nacional, preparando así el terreno para la Santa Alianza, una unión contrarrevolucionaria de los monarcas europeos.
[2] Dominique Dufour de Pradt, Du Congrès de Vienne, t. I, p. 262
[3] Marx se refiere al tratado secreto de alianza contra Rusia y Prusia firmado por Francia, Austria y Gran Bretaña en la capital austríaca el 3 de enero de 1815, durante el Congreso de Viena. Junto con el canciller Metternich de Austria y el secretario de relaciones exteriores británico Castlereagh, Talleyrand-Périgord, el representante francés en el Congreso, jugó un papel destacado en la preparación del Tratado, tratando de explotar las diferencias entre los miembros de la antigua coalición anti-napoleónica. La formación de la alianza anglo-austro-francesa obligó a Prusia a reducir sus pretensiones sobre el Reino de Sajonia y en relación con los territorios polacos.
[4] K.F. Knesebeck, Denkschrift, betreffend morir Gleichgewichts-Lage Europa, Min Zusammentritte des Wiener Congresos Verfasst. Los fragmentos citados a continuación (con omisiones y adiciones explicativas) son de las pp. 11-14.
[5] Los tratados firmados por Rusia, Prusia y Austria en Viena el 3 de mayo de 1815 y el Acta Final del Congreso de Viena firmada el 9 de junio de 1815, sancionó la abolición del Ducado de Varsovia, creado por Napoleón en 1807, y un nuevo reparto de las tierras polacas entre Austria, Prusia y Rusia.
[6] Alusión al libro de Luis Bonaparte, Des idées napoléoniennes, publicado en París en 1839.
[7] Probable referencia al libro de A.G. Dunlop Cossack Rule, and Russian Influence in Europe, and over Germany.
[8] Bajo Imperio (Bas Empire): nombre que se da en la literatura histórica al Imperio Romano de Oriente (Bizancio); también se utiliza para referirse a los estados en su fase de decadencia o desintegración. Aquí es una alusión al Segundo Imperio en Francia.
[9] Referencia a la declaración de Napoleón en Santa Elena de que Europa estaba destinada a convertirse en ”republicana o cosaca” (citado por E. Las Cases en su Memorial de Sainte-Helene …, t. 3, p. 111).
[10] El último párrafo de este artículo fue presumiblemente añadido por los editores del New York Daily Tribune.
Karl Marx (1818-1883), militante del ”ala socialista-comunista” del republicanismo democrático revolucionario del siglo XIX. Filósofo, jurista, historiador, economista y periodista, fue cofundador de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT). Coautor con Friedrich Engels del panfleto político más leído de la historia, El manifiesto comunista, y autor, entre otros, del inconcluso tratado El Capital, critica de la economía política.


Traducción para http://www.sinpermiso.info: Gustavo Buster

22
sep
14

uruguay …

 Territorio comanche: Cardona y Florencio Sánchez

 

escribe: Esteban Valenti (*)

Territorio comanche es una novela de culto para los periodistas de zonas de conflicto. “Para un reportero en una guerra, territorio comanche es el lugar donde el instinto dice que pares el coche y des media vuelta; donde siempre parece a punto de anochecer y caminas pegado a las paredes, hacia los tiros que suenan a lo lejos, mientras escuchas el ruido de tus pasos sobre los cristales rotos.

El suelo de las guerras está siempre cubierto de cristales rotos. Territorio comanche es allí donde los oyes crujir bajo tus botas, y aunque no ves a nadie sabes que te están mirando.” Del blog de Arturo Pérez-Reverte.

Hace algunos años, algunas zonas del país eran para la izquierda territorios muy complejos, donde se respiraba mucha hostilidad y rechazo. Ahora todo ha cambiado. De todas maneras en Cardona y Florenzio Sanchez, esas dos poblaciones hermanadas o separadas por una vía de ferrocarril y por pertenecer a dos departamentos, Soriano y Colonia, tienen un rasgo común: el Frente Amplio sale tercero en las elecciones. Primero el Partido Nacional, segundos los colorados y tercero el FA.

Esta es una crónica comentada. A veces el mejor análisis surge de la propia realidad, de sus matices y sus protagonistas. Este es un intento.

A nivel departamental, en las dos últimas elecciones compartieron una característica, en Soriano y Colonia en la elección nacional ganó el FA y en las municipales ganaron los candidatos blancos.

Estuvimos con Selva durante 6 horas el pasado sábado 6 de setiembre. La crónica es breve. Nos invitaron los compañeros del Comité de Cardona, de todos los sectores que lo integran, cuando nos visitaron en Montevideo. Llegamos, recorrimos durante 40 minutos en una mini caravana de seis autos ambas ciudades, pudimos comprobar los cambios que se han producido, la prosperidad que se ve y se toca, en casas nuevas, en casas pintadas, en talleres mecánicos y metalúrgicos, en varias empresas de camiones, en negocios nuevos, en canchas deportivas nuevas y muchas otras cosas. No hay la menor duda que son ciudades prosperas y confiadas.

Un solo detalle, no hay nada más suntuario que pintar la propia casa, cuando se hace es porque lo demás está resuelto, la comida, la vestimenta, el equipamiento, la salud, la continuidad de los recursos familiares y el interior del país es un mar de casas pintadas, incluso con colores atrevidos, como si quisieran espantar el gris.

Para llegar a Cardona y F. Sanchez hicimos 180 kilómetros de prosperidad, de una desbordante economía agropecuaria, de animales, campos cultivados, praderas, maquinaria de todo tipo y de confianza. Se respiran colores y confianza.

Luego nos reunimos en el comité de Cardona, con periodistas locales y un grupo de adherentes del FA. Muy interesante, las preguntas de los periodistas muy precisas, muy profesionales y muy actualizadas. Cruzamos la frontera y nos reunimos en el comité de Florencio Sánchez, mucho más amplio, pero alquilado, aclaran sus vecinos del otro lado de la vía. Local repleto y bastante gente joven.

Les ahorro mi introducción y mis respuestas. Agradezcan. Muchas preguntas, intervenciones y opiniones de los asistentes. Me sentí 25 años más joven, estaba en un comité de base lleno de vida, de efervescencia. ¿Cuáles eran las condiciones para eso? Era unitario en la diversidad, había gente de muchos sectores diferentes y la condición frenteamplista estaba por encima de su propia identidad sectorial. Sin FA difícilmente existirían. Un comité sin dueño. Había gente de diversas generaciones, no todos venían de antes del 2004. Había jóvenes y había proyectos.

Quiero referirme a un doble capital muy importante. Estaban orgullosos de ser frenteamplistas y de lo que había hecho su gobierno en 9 años y medio. Lo exhibían en las dos ciudades y sus alrededores y en su propia condición personal y familiar. Había obreros, profesionales, jubilados, productores rurales, estudiantes. No eran devotos de nada, de ninguna fe, al menos política, podían explicar perfectamente las razones de su satisfacción con los gobiernos progresistas, convivían con esas razones y sin embargo tenían también sus críticas, postergadas, aminoradas por la campaña electoral. Y eran críticos de la campaña electoral y eso no puedo callarlo, mentirlo.

Tienen enojos varios, pero por ejemplo dicen que se han hecho muchas cosas que las intendencias se atribuyen y que se hicieron con recursos aportados por el gobierno nacional o directamente hechas por el MTOP y los que sonríen ante las cámaras y cortan cintas son los dos intendentes blancos.

Las ciudades no brillan precisamente por el estado de sus calles, bastante destruidas por cierto. Ahora están haciendo un amplio bulevar ”electoral” hacia las elecciones municipales. Bueno, al menos es algo

Me reafirmaron que a diferencia de esa actitud nacional del gobierno progresista, no entra ni un solo funcionario municipal en ambos departamentos sin el voto cantado hacia el Partido Nacional.

En la asamblea estuvieron dos candidatos a diputados por Soriano, el compañero Julio Guastavino por el FLS de Soriano, el compañero Enzo Malán de la Lista 90 Socialismo y la compañera  Gianina Prado por la Vertiente y vinieron compañeros de las departamentales de Soriano y Colonia. Nos sacamos fotos y compartimos pizzas y tortas saladas con compañeros del MPP, de la 1001, de la 711, de la 90, del FLS de la 77 5005 y muchos compañeros que eran solo frenteamplistas.

Su dilema es como sintetizar, como resumir en votos todos los cambios, el progreso, el avance económico, social, cultural de la zona. No se hace sólo ni por el peso de los hechos.

Estamos a 50 días de las elecciones y no creo que sea bueno exponer todo lo que conversamos. No hay nada secreto, pero tampoco hay que ser ángeles asexuados. Hay que trabajar, analizar, discutir y sobre todo hacer.

Es claro que tenemos un nivel bajo de embanderamiento y de exposición en las casas, autos, termos, y redes sociales. Internet allí tiene el mismo nivel que en la capital.

Algunos apuntes. Los peones rurales han asumido con fuerza el valor extraordinario de la ley de 8 horas, es su gran conquista, los productores rurales saben, sienten que están mucho mejor, que no están endeudados hasta el cuello, pero allí todavía pesan mucho las tradiciones. Son votos más difíciles. Antes lo eran los votos de los trabajadores rurales. Cambia, todo cambia.

Los frenteamplistas tienen la mejor predisposición para la campaña, para disputar voto a voto, necesitan instrumentos. El principal: claridad en las prioridades. Se han hecho tantas cosas en tan diferentes sectores y con tantos resultados que se tiene la tentación de hacer un gran balance de lo hecho. No alcanza, hay que elegir los avances fundamentales, los que dieron base a todo lo que nos proponemos y, tenemos que definir claramente las prioridades para el futuro. Las cuatro actividades programáticas del FA de los lunes de setiembre son fundamentales.

La inseguridad es un tema que les cae de arriba, de afuera, no tiene absolutamente nada que ver con su realidad ni con la sensación térmica que viven en ambas ciudades. Pero la cantinela ”nacional” golpea en todo el país.

En la reunión estuvieron presentes dos compañeras que se casaron y exhibían con orgullo su matrimonio homosexual. A veces tendemos a creer que ciertos derechos son cosas de intelectuales montevideanos.

Un policía jubilado que se había jubilado hacia tres meses, me corrigió, en el 2005 ganaban 4.000 pesos por mes y en los 90 les pagaban una parte del sueldo con alimentos vencidos. ”En verano nos daban polenta”. Estuvo al firme y opinando en las dos asambleas.

Podrían contar muchas anécdotas, muchas preguntas de los jóvenes sobre cómo convencer a sus compañeros de trabajo y estudio que no vivieron en absoluto la crisis y que consideran que el Uruguay siempre fue próspero y pujante.

Todos demostraron tener claro lo que está en juego si ganara la gran nube de humo de la derecha. Por lo que hicieron en el pasado, por sus responsabilidades en la decadencia y la crisis y porque comienzan a verse los verdaderos propósitos, pero sobre todo porque están conformes, muy conformes con lo que hicieron los gobiernos progresistas y quieren que sigan.

Quieren, reclaman construir nuevamente esa proximidad entre nuestros candidatos a todos los niveles y la gente, el pueblo en el sentido más amplio de la palabra, pero sin ningún visión sectaria. Las elecciones y la democracia nos educan a todos, en amplitud. Hace falta mucha humanidad y mucha humildad. No saben cuánto me cuesta a mi practicar la virtud de la humildad, pero por esa gente, mi gente, nuestra gente vale la pena. No son ni mejores, ni diferentes a todos los uruguayos, tienen ideas que defienden con pasión como otros y saben convivir con las diversidades y con los adversarios.

Nos volvimos con renovadas energías, con nuevos amigos y compañeros, con afectos y exigencias y con la necesidad de mirar la realidad política con muchas matices, en toda su complejidad y en sus cambios.

Sería un verdadero pecado no ganar las elecciones, esa gente se tiene confianza por lo hecho y sobre todo por lo que queda por hacer, que es todavía más importante.

(*) Militante político, periodista, escritor, director de UYPRESS y BITACORA. Uruguay

20
sep
14

salvador allende

 

A 41 años del bombardeo de la Moneda
Salvador Allende en la perspectiva histórica del movimiento popular
 
El historiador británico Eric Hobsbawm sostiene que “en todos nosotros existe una zona de sombra entre la historia y la memoria, entre el pasado como registro generalizado, susceptible de un examen relativamente desapasionado y el pasado como una parte recordada o como trasfondo de la propia vida del individuo”. Y precisando su idea Hobsbawm agrega que “para cada ser humano esta zona se extiende desde que comienzan los recuerdos o tradiciones familiares vivos [...] hasta que termina la infancia, cuando los destinos público y privado son considerados inseparables y mutuamente determinantes. La longitud de esta zona puede ser variable, así como la oscuridad y vaguedad que la caracterizan. Pero siempre existe esa tierra de nadie en el tiempo. Para los historiadores, y para cualquier otro, siempre es la parte de la historia más difícil de comprender” [1] .Pienso que Hobsbawm tiene razón. Algo similar a lo que él describe me ocurre con la figura de Salvador Allende. Aunque varias generaciones nos separaban, alcancé a ser su contemporáneo y a vivir con la ingenuidad de la infancia, primero, y luego con la pasión de los años adolescentes, el tiempo del apogeo de su carrera política, que fue también el del punto máximo alcanzado por el movimiento popular en Chile en sus luchas por la emancipación.

Mi contemporaneidad con Allende y compromiso personal en la causa de la izquierda y del movimiento popular son obstáculos adicionales que ponen a prueba mi juicio de historiador. Sin contarme entre quienes que niegan la posibilidad de hacer “historia del tiempo presente”, aquella de la cual hemos sido actores o al menos testigos, debo reconocer que aún hoy, a tres décadas y media del golpe de Estado y de la muerte de Allende, la emoción me embarga al evocar su persona y al escuchar “el metal tranquilo” de su voz.

No postulo que la historia (en el sentido historiográfico o conocimiento sistemático que tenemos acerca de los hechos del pasado) deba carecer absolutamente de emoción y de pasión, pero la sociedad espera que los historiadores tengamos un juicio lo más objetivo, justo y verdadero posible acerca de los acontecimientos históricos. Creo que sobre la historia de Chile de la segunda mitad del siglo XX (y de seguro bastante más atrás) mi mirada tendrá siempre la impronta de alguien comprometido con uno de los bandos en lucha, aun cuando por honestidad intelectual y personal haga los máximos esfuerzos por ponderar las “evidencias históricas”, que, como es sabido, pueden ser acumuladas para apoyar interpretaciones muy disímiles acerca del devenir de una sociedad o de un grupo humano a través del tiempo.

¿Cómo abordar entonces desde un punto de vista ensayístico al personaje histórico Salvador Allende?

Creo que en mi caso lo más conveniente es recurrir a la larga duración que sobrepase con creces su vida, insertándola en el transcurrir general del movimiento popular en Chile. De esta manera, tomando cierta distancia de las contingencias que enfrentó el personaje y que son, precisamente, aquellas que pueden empañar mi visión, quiero aportar un grano en la comprensión del papel de Allende y, al mismo tiempo, de algunos fenómenos de nuestra historia.

Me propongo sostener tres premisas:

1°) Salvador Allende encarnó mejor que nadie desde mediados de la década de 1930 y hasta su muerte en 1973 la continuidad histórica y la línea central de desarrollo del movimiento popular.

Como es sabido, las raíces de este movimiento se hunden hasta mediados del siglo XIX cuando algunos contingentes de artesanos y obreros calificados levantaron un ideario de “regeneración del pueblo” en base a una lectura avanzada y popular de los postulados liberales. El mutualismo y otras formas de cooperación fueron la expresión práctica de este proyecto de carácter laico, democrático y popular. Con el correr del tiempo, el desarrollo del capitalismo y la llegada de las ideologías de redención social provocaron desde fines de ese siglo el ascenso del movimiento obrero y con él una metamorfosis de la doctrina, las formas de organización y de lucha de los sectores populares. Desde comienzos del siglo XX el ethos colectivo del nuevo movimiento se sintetizó en la aspiración (más radical) de la “emancipación de los trabajadores” y se expresó en el surgimiento del sindicalismo y la adopción por parte del movimiento obrero y popular de los nuevos credos de liberación social del anarquismo y el socialismo. Con todo, a pesar de la mutación en un sentido de mayor radicalidad (de la “cooperación” a la lucha de clases), un tronco de tipo ilustrado, regenerativo y emancipador representó una cierta continuidad entre esas dos fases o momentos del movimiento popular [2] .

Salvador Allende hizo sus primeras experiencias políticas cuando el movimiento popular se aprestaba a transitar por los cauces institucionales que no abandonaría hasta que el golpe de Estado de 1973 lo interrumpiera brutalmente. Así, después de más de una década de convulsiones sociales y políticas, a mediados de los años 30, el movimiento popular y la izquierda, dando su “brazo a torcer”, optaron mayoritariamente por incorporarse al juego político institucional, retomando –después de algunas veleidades rupturistas- un transitar más evolutivo, pacífico, parlamentario y reformista, que era, en definitiva, el que siempre habían escogido los trabajadores toda vez que las clases dirigentes se los habían permitido.

Desde este “gran viraje” (según la acepción de Tomás Moulian) de mediados de los años 30 que inauguró la política de Frente Popular, la izquierda y el movimiento popular asociado a ella, optó clara y mayoritariamente por aceptar las reglas puestas por el “Estado de compromiso” proclamado por la Constitución de 1925, pero que recién por esos años empezó a hacerse realidad [3] . Allende, como esa sabido, jugó un papel destacado en esta “nueva” estrategia ya sea como ministro de Estado, parlamentario, dirigente partidario y –más allá de sus cargos formales- en tanto líder político popular. El Frente Popular, luego el Frente del Pueblo, el Frente de Acción Popular y, finalmente, la Unidad Popular, fueron los hitos aliancistas a través de los cuales la política de la izquierda y del movimiento popular se hicieron realidad. Esto fue, en síntesis, el contenido más esencial del “allendismo” como sentimiento y corriente política de masas. En este sentido, la acción y la persona de Allende –persistente hasta el último de sus días en un camino de unidad- fueron la expresión más paradigmática de una vía y de una estrategia para alcanzar el ideal de la emancipación popular.

2°) Salvador Allende encarnó la dialéctica no resuelta de reforma o revolución.

Aún cuando el apego de Allende a la vía parlamentaria y a las reglas del juego del “Estado de compromiso” fueron permanentes, la izquierda y el movimiento popular en los últimos años de la vida de este líder se vieron envueltos en un debate y en una encrucijada no resuelta que anuló los esfuerzos que en distintos sentidos se hicieron para dar conducción al movimiento y una salida al impasse político. Es el “empate catastrófico” entre las dos vías –la “rupturista revolucionaria” y la “moderada revolucionaria” del cual nos ha hablado Tomás Moulian en su Conversación interrumpida con Allende [4] . A 35 años de distancia, la disyuntiva ¿reforma o revolución? pierde los contornos que en la década de 1970 nos parecían tan nítidos. Si bien la revolución “con empanadas y vino tinto” preconizada por Allende, en esencia la vía electoral reforzada por la movilización popular, mostró sus límites en un contexto internacional de gran polarización, la “revolución” tal como la concebíamos entonces, ya no es posible y -más aún- ni siquiera deseable.

La “caída de los muros”, la terciarización de las economías, los cambios tecnológicos y de las estructuras sociales en Chile y el mundo, la emergencia de nuevas problemáticas y de un mundo unipolar dominado por un gran Imperio, amén de un sinnúmero de razones que apuntan mayoritariamente a la consolidación del modelo de dominación, hacen de la “revolución” según el esquema clásico, un fetiche puramente nostálgico más allá de la eficiencia técnica (a estas alturas bastante hipotética) de sus métodos para asaltar el poder.

La oposición entre la vía reformista electoral y la vía revolucionaria armada no es ya un punto de quiebre al interior de la izquierda y del movimiento popular, pero sí lo son, por ejemplo, la adhesión o el rechazo al modelo neoliberal y a la dominación imperial. A la luz de este nuevo dilema, la política de Allende adquiere renovada relevancia histórica. Su “reformismo rupturista” o “reformismo revolucionario” nos parece hoy día -incluso a sus críticos de izquierda de entonces- el sumun a lo que podríamos aspirar en estos tiempos de globalización neoliberal. Curiosa paradoja de la historia: lo que antes era considerado altamente insuficiente llega a ser “el bien mayor”. El allendismo del período de la Unidad Popular fue la expresión de una tentativa abortada por resolver en una síntesis dialéctica la disyuntiva entre reforma o revolución que el contexto histórico de los años 70 -ahora lo percibimos con claridad- no permitía solucionar. Con todo, a pesar de verse atrapado en ese callejón sin salida, Allende en el día de su muerte, y con su muerte, intentó dejar una herencia política de contenido “reformista revolucionario”.

3°) En la historia del movimiento popular el golpe de Estado de 1973 representa un quiebre total, un “puente roto” que no se ha vuelto a reparar.

En su mensaje de despedida Salvador Allende vaticinó que “otros hombres” superarían ese momento gris y amargo. Esos nuevos hombres retomarían la senda interrumpida de la izquierda y del movimiento popular. Los heroísmos, sacrificios y reencantamientos militantes de la lucha de resistencia contra la dictadura parecieron reanudar la marcha del movimiento popular. El combate contra la opresión de la tiranía se inscribía perfectamente en la perspectiva general –y de muy larga duración- en pro de la emancipación del pueblo. Pero la infinita “transición a la democracia” que vino enseguida, los acomodos y reacomodos de la clase política, la decepción y desmovilización popular, demostraron que sólo por un efecto de espejismo el movimiento popular había parecido rearticularse duraderamente al calor de las protestas de la década de 1980. En realidad, una vez que el “enemigo visible” se metamorfoseó tras el discurso de reencuentro y reconciliación nacional, el movimiento popular perdió su norte, quedando en evidencia que el ethos colectivo de la emancipación de los trabajadores que lo había animado durante tanto tiempo, se había extraviado o difuminado en medio del derrumbe ideológico que acompañó al fin del llamado “campo socialista” y en el empeño criollo por recuperar la democracia.

¿Cuál es el ethos colectivo del mundo popular en el Chile actual? ¿Hay un cuerpo de ideas básicas que articule sus demandas? ¿Se manifiesta una aspiración común –como fue en la época de Allende la conquista de un gobierno popular- que cristalice en un objetivo político fácilmente identificable las distintas reivindicaciones sectoriales? ¿Y si esto no es así, sin ese corpus mínimo de ideas y anhelos compartidos, es posible concebir la existencia de un movimiento popular?

La verdad es que los sectores populares han desaparecido en tanto sujetos políticos, quedando reducidos a la categoría de clientela que oscila entre las alternativas de administración “progresista” del modelo o gestión “populista” de derecha del mismo. El mercado ha reemplazado a las formas orgánicas de sociabilidad que hicieron posible la existencia de un movimiento popular que tuvo expresiones sociales y políticas, una de cuyas vertientes históricas más caudalosas y persistentes fue el allendismo. Es por ello que, al margen de las añoranzas, en términos políticos reales no hay allendismo actualmente en Chile (porque podría haber allendismo sin Allende como ha existido en otras partes peronismo sin Perón o gaullismo sin De Gaulle). Por las mismas razones no ha surgido un líder popular de la talla de Allende ni nada que se le parezca. Allende como hombre político –y esto es de Perogrullo- fue el producto de un tiempo, de una relación entre una personalidad descollante y un movimiento social y político del cual él fue intérprete y expresión.

Para que vuelvan a “abrirse las grandes Alamedas” (que aún permanecen cerradas) se necesitarán de “otros hombres” que estimulen el desarrollo de fuertes movimientos sociales, hombres y mujeres capaces de retomar el hilo conductor del movimiento popular en una perspectiva de futuro y no de mera evocación nostálgica. Mientras esto no ocurra, el legado político de Allende continuará siendo un capital inmovilizado, un icono desprovisto de significado histórico concreto y de operatividad política real.


  Dr. en Historia, profesor del Departamento de Ciencias Históricas de la Universidad de Chile. La primera versión de este texto fue publicado en 2003.

[1] Eric Hobsbawm, La era del imperio, 1875-1914, Buenos Aires, Crítica, 1998, pág. 11.

[2] Sergio Grez Toso, De la “regeneración del pueblo” a la huelga general. Génesis y evolución histórica del movimiento popular en Chile (1810-1890), Santiago Ediciones de la DIBAM – RIL Ediciones, 1998; “Una mirada al movimiento popular desde dos asonadas callejeras (Santiago, 1888-1905)”, en Cuadernos de Historia, N°19, Santiago, diciembre de 1999, pp. 157-193; “Transición en las formas de lucha: motines peonales y huelgas obreras en Chile (1891-1907)”, en Historia, vol. 33, Santiago, 2000, pp. 141-225; Los anarquistas y el movimiento obrero. La alborada de ‘la Idea’ en Chile (1893-1915), Santiago, Lom Ediciones, 2007.

[3] Tomás Moulian, “Violencia, gradualismo y reformas en el desarrollo político chileno”, en Adolfo Aldunate, Ángel Flisfich y Tomás Moulian, Estudios sobre el sistema de partidos en Chile, Santiago, FLACSO, 1985, págs. 13-68. La idea del “gran viraje” de la izquierda está expuesta más específicamente en págs. 49 y 50.

[4] Tomás Moulian, Conversación interrumpida con Allende Santiago, LOM Ediciones – Universidad ARCIS, [1998].

18
sep
14

lacalle pou …

 

LA ELECCIÓN DE HORAS DOCENTES

El último disparate de Lacalle

 
 

Cuando creía que ya nada me sorprendería del candidato del Partido Nacional, fui sacudido por su última propuesta.

No pocas veces he elogiado su marketing personal; su habilidad para decir a su gente lo que su gente quiere oír o para hablar mucho sin decir nada, su ingenio para generar noticias, su viveza para dar una imagen de renovación cuando en realidad es ejemplo de conservadurismo, y su increíble dualidad para mostrarse serio aún cuando el sentido común es en él el menos común de los sentidos. Hay que reconocer que ha logrado cautivar a buena parte del electorado, no con sus ideas, sino con su carisma. Increíblemente, su gran triunfo en las internas, que pulverizó a las encuestas y a un dormido Larrañaga, se debió en buena medida a una fotografía en blanco y negro de su rostro, colocada en gigantografías por todo el país a un costo millonario.

Sin embargo, a medida que habla, comienza a cavar su propia fosa. Ya es sabido que el candidato “por la positiva” evita hablar de Economía, sobre todo luego de la paliza verbal que le propinó en público una joven estudiante universitaria, dejando al desnudo la falta de seriedad de sus propuestas. Sabido es también que se opuso a la Ley del trabajador rural, lo cual es lógico, ya que debe defender sus intereses de clase. Hasta que el Frente llegó al gobierno, los peones eran explotados. La ley de ocho horas y otros beneficios golpean el bolsillo de la oligarquía rural. Era esperable que el candidato en que se invirtió tanto dinero se opusiera a este avance histórico así como a la Ley de Responsabilidad Empresarial -que busca disminuir las muertes de los trabajadores- y quiera minimizar los Consejos de Salarios.

No me extrañó que se opusiera a la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo ni a la de Matrimonio Igualitario y, debido a la apasionada defensa que hizo su partido de los criminales de la dictadura, tampoco me sorprendió que planteara frenar la búsqueda de los desaparecidos. Incluso el silencio y falta de festejo de su partido ante la reciente aparición en Argentina de Ignacio, nieto de Estela Carlotto e hijo de una muchacha asesinada luego de dar a luz en cautiverio, era esperable de los autores de la más vergonzosa ley de toda nuestra historia. Jamás los vi rompiéndose el alma para rastrear a los niños uruguayos secuestrados en aquella época.

No me extraña que como integrante del sector político más neoliberal -el mismo que pretendió vender sin éxito nuestras empresas públicas- proponga privatizar la compra de las ceibalitas.

Representando a un partido que busca eliminar la delincuencia sin destruir sus causas, no me extrañó que apoyara la baja de la edad de imputabilidad, aunque como bien señala el Dr. Ismael Blanco, si bien recogió firmas, ya no hace campaña porque no le resulta redituable políticamente, ya que la propuesta pierde adeptos día a día.

Sin embargo, su última iniciativa me ha hecho recordar al peculiar Domingo Tortorelli (1902-1990), quien provocaba hilaridad con propuestas como poner canillas de leche en las esquinas, jornadas laborales de 15 minutos o carreteras en bajada para ahorrar combustible. Nunca sacó más de cincuenta votos; pero fue muy popular. El problema con la propuesta de Lacalle es que no provocará risas en el ámbito educativo, sino espanto. ¿Qué fue lo que dijo? “Queremos modificar la elección de horas…aparte de generar conflictos…son los docentes eligiendo instituto. Nosotros queremos cambiar eso, queremos modificar, que sean los directores eligiendo docentes”. Está filmado.

La elección de horas está pautada por el escalafón y es un derecho ganado, no regalado. ¿Se imaginan el poder personal que adquiriría un director si estuviera en sus manos la contratación de los docentes? ¿Quién osaría contradecir alguna de las medidas de este devenido señor feudal si con eso peligra su recontratación? Los chupamedias estarían de fiesta. Los directores con tendencia política y semejante poder aprovecharían para contratar a sus camaradas y se sacarían de encima a cuanto gremialista pudieran. Quedaría sobreentendido que el director estaría haciendo un favor al docente y campearían la corrupción y el amiguismo.

Lo grave es que durante su discurso estaba flanqueado y avalado por el especialista en educación, Pablo Da Silveira. ¿Qué dirá la ex directora del Bauzá, Graciela Bianchi? No veo la hora de oír la respuesta de los gremios docentes ante semejante planteo.

En octubre el país tendrá que optar entre la memoria y la restauración, entre las propuestas y el marketing, entre resultados indiscutibles del Frente y las promesas sin base del Partido Nacional y, sobre todo, entre los que están haciendo mucho por la educación, como mejorar los salarios docentes, y los que hicieron poco y nada cuando tuvieron la oportunidad.

Es normal que las personas tengamos ideas diferentes; pero alguien tendría que explicarle a este muchacho que con la educación no se juega.

Nota de diario: La República / Uruguay

17
sep
14

escocia … referéndum, que se vota ?

Los escoceses votan este jueves si desean poner fin a la unión con Inglaterra
El Reino Unido se asoma al abismo
escribe: Pablo Rodero/Público.es
 

A medida que se acaba el tiempo para convencer a los votantes aún indecisos de cara al referéndum de independencia escocés el debate se está volviendo cada vez más pasional. En lo que hasta ahora había sido una campaña calificada a menudo como fría, la identidad nacional ha entrado en escena a pocos días de que el Reino Unido afronte la mayor amenaza a su integridad desde su formación en 1707.

En un giro totalmente impensable hace pocas semanas, los unionistas han comenzado a apelar al corazón y a la identidad británica de los escoceses, justo cuando los sondeos sitúan la carrera en un empate técnico entre las dos campañas. El primer ministro británico, el conservador David Cameron, viajó a Aberdeen el lunes en su última visita a Escocia antes del referéndum y se dirigió en estos términos a los votantes: “Por favor, por todos nosotros: votad por seguir juntos, votad por quedaros, votad por salvar nuestro Reino Unido”.

Cameron se había mantenido alejado del debate a lo largo de la campaña, sabedor de su escasa popularidad en Escocia, pero la perspectiva de pasar a la historia como el primer ministro que acabó con una unión de 307 años de historia ha hecho que se replantee su papel. Si el pasado miércoles aseguró que le “rompería el corazón” el fin de la “familia de naciones” que es el Reino Unido, Cameron se mostró aún más emotivo en Aberdeen, a tan sólo tres días del referéndum. “Si no os gusto, no estaré aquí siempre. Si no os gusta este Gobierno, no durará siempre. Pero si dejáis el Reino Unido, eso sí será para siempre”, declaró el primer ministro.

Vuelco en las encuestas

Las últimas encuestas han dado resultados contradictorios, pero los analistas coinciden en que la pugna está demasiado ajustada como para aventurar un ganador. La situación supone un vuelco importante tras meses de tranquilizadora superioridad para los unionistas en los sondeos, una ventaja que se ha esfumado en apenas cuatro semanas y ha hecho que muchos se despierten ante una pesadilla difícil de creer.

Para Moira Harvey, una trabajadora de 45 años de un centro cultural de Edimburgo, la principal razón para votar no en el referéndum del próximo jueves es el “sentirse británica y tener un gran sentido de la lealtad y afecto hacia el Reino Unido”, que en ningún caso le “resta valor” a su “identidad primaria escocesa”. Moira admite que le resultan “difíciles de imaginar las consecuencias de la independencia”, una posibilidad que se veía como algo impensable hace pocas semanas. “En cualquier caso, este es mi país y tengo que creer en él y en su futuro, tanto para mí como para mis hijos, sea cuál sea el resultado que afrontemos el viernes por la mañana”, explica.

Ilusiones de grandeza

Mucho se ha hablado sobre las consecuencias económicas que la secesión escocesa acarrearía tanto para Escocia como para el resto del Reino Unido, pero no está tan claro qué sería de la identidad británica y de la posición en la que quedaría la que fue la principal potencia mundial. “Creo que el Reino Unido, o lo que quedara de él, se vería muy mermado, no por ser más pequeño, sino porque una parte habría decidido escindirse y esto sería significativo para la diplomacia británica”, explica el historiador Ewan Cameron, profesor de la Universidad de Edimburgo y coeditor de la revista Scottish Historical Review. “También sería posible, aunque improbable, que esto llevara a los políticos británicos a aceptar el auténtico papel del Reino Unido y abandonar las ilusiones de grandeza que persiguen a Gran Bretaña a pesar de la pérdida del imperio”, añade.

El diario londinense The Guardian, que en su editorial del pasado viernes pedía a los escoceses “otra oportunidad” para el Reino Unido, hablaba el lunes de una “urgente reforma constitucional que proteja a las naciones, las regiones y otras minorías del mayoritarianismo”, un término inventado para definir la absoluta centralidad de Londres en la economía y la política británica.

“Mi opinión personal sobre la actual impopularidad de la unión es que los políticos de Londres se han olvidado de cómo hacer políticas unionistas”, considera el profesor Cameron. “Muchas políticas del Gobierno británico han sido impopulares en Escocia, como las medidas de austeridad, la política de defensa nuclear o la Guerra de Irak. El SNP y el voto por la independencia son vehículos para oponerse a estas cosas”.

La identidad nacional perdida

“Seguramente la razón por la que la identidad nacional no sea algo central es porque la identidad escocesa no es incompatible con cierto sentimiento británico”, opina Arnau Padró, un programador informático catalán de 27 años que, tras siete meses en Escocia, votará el próximo jueves a favor de la independencia. “Escocia puede ser el principio de una corriente europea de nuevos Estados, más pequeños, más justos, mas democráticos y más eficientes”, explica Arnau como motivo de su voto a favor de la secesión.

Son cada vez más las voces dentro del unionismo que se lamentan por la campaña eminentemente pragmática que ha planteado Better Together y que, opinan, ha hecho que pocos se ilusionen por la idea de que Escocia siga perteneciendo al Reino Unido.

“Incluso los unionistas generalmente admiten que la idea de la independencia es aceptable, aunque no deseable”, explica en The Observer el periodista Alex Massie, abiertamente partidario de la unión. “No puedes matar la idea. No cuando ha existido durante más de 300 años. Si existía incluso durante el gran momento nacionalista y unionista en el siglo XIX, no va a desaparecer ahora. Pero eso no quiere decir que el unionismo no tenga canciones, simplemente que la campaña de no ha decidido no cantarlas.”, añade.

Las críticas se han concentrado en el ex ministro laborista Alistair Darling, líder de la campaña unionista. En su segundo debate televisado, Darling se vio ampliamente superado por el primer ministro escocés, Alex Salmond, en lo que se ha considerado el gran punto de inflexión que ha llevado a la situación actual.

“No creo que Alistair Darling mencionara Gran Bretaña o la britanidad ni una vez durante su segundo debate con Alex Salmond”, continua Massie. “Gran Bretaña, y la Unión, son la base sobre la que construyes la campaña. Todo lo demás son sólo tácticas. No puedes matar la idea, pero puedes contrarrestarla con otra idea”, concluye el periodista escocés. En cualquier caso, parece que el tiempo de las campañas ha terminado y, a falta de tan sólo tres días para la cita con la historia, el futuro del Reino Unido está ya únicamente en manos de los votantes escoceses.

Fuente original: http://www.publico.es/internacional/544340/el-reino-unido-se-asoma-al-abismo

16
sep
14

las elecciones en uruguay

Clases sociales, elecciones e ideologías

escribe: Esteban Valenti (*)
H(*) Periodista, escritor, director de UYPRESS y BITACORA. Uruguay

Hay tanto humo en esta campaña electoral que corremos el riesgo de no vernos ni las narices. La experiencia muestra de manera concluyente que uno de los mayores riesgos en política son las cortinas de humo, son los adversarios vaporosos y vaporizados.
No se conocen hasta llegado el momento, el peor momento, el de sentarse en el poder. Y ese es el mayor riesgo que afronta hoy la sociedad uruguaya.
No es solo un riesgo político, ni siquiera solo electoral, es un profundo agujero negro cultural e institucional. Una sociedad que con las tradiciones políticas e institucionales que tiene nuestro país y opta por una creación del mercadeo político más evidente, totalmente deformada y falsa, desciende varios escalones en todos los niveles de civilización y de la democracia.
No se trata solo de carencia de proyectos claros y definidos, de un programa que se conoce de a pedazos y que forma parte de la campaña fumosa, sino del retroceso en la cultura política nacional. Es abrir la puerta a procesos de decadencia sin fondo. ¿Hasta dónde se puede caer cuando una sociedad se deja engañar por una campaña de ocultamiento de esas características? ¿Cuánto queda afectada la credibilidad del sistema político y de partidos?
Pero hay preguntas más inquietantes: ¿Qué puede haber detrás de semejante cortina de humo? Comencemos por la realidad, Luis Lacalle Pou no es un recién llegado a la política ni mucho menos, forma parte de una de las familias más tradicionales en los menesteres de gobierno y de la política. Fue durante 15 años diputado y de esos 10 años formó parte de uno de los sectores que se enfrentaron con más dureza con los gobiernos del Frente Amplio.
Integra un sector político de larga trayectoria, con profundas posiciones de derecha nunca desmentidas en el manejo de la economía, las relaciones sociales, el manejo institucional y con una particular visión de los derechos ciudadanos y sus límites. Las actas del Parlamento no dejan ningún lugar a dudas en cuanto a sus posiciones sobre las principales reformas impulsadas por los gobiernos progresistas: se opuso a todas. No es ningún pecado, pero como aquí no estamos en un confesionario sino en la arena política, lo grave es que los uruguayos nos comamos la pastilla de que va ”Por la Positiva”.
Las falsedades bien envasadas son una de las peores cosas de la política y la campaña de Lacalle es un gigantesco envase para tratar de ocultar sus posiciones conservadores en lo ideológico y transformadoras en la mayoría de las cosas progresistas que aprobaron los gobiernos del FA. No es por maldad, es simplemente por ideología y por política.
Cuando algunos comentaristas se interrogan de cuál es el motivo porque sectores de la izquierda le dedican espacio a confrontar con Lacalle, demuestran que no se trata solo de un problema de campañas electorales, de agenda, sino de un mínimo de claridad política. Contra el humo es muy difícil pelear.
Falso es el supuesto origen o sensibilidad ”positiva” y más peligrosa es su visión de futuro, construida sobre un argumento central: la renovación generacional, sin programa, sin ideología, sin exponerse a casi nada. Cada vez que el candidato se sale del libreto en temas educativos (plan Ceibal), en relaciones laborales (el ya famoso equilibrio), en políticas sociales, en la educación, en política económica y naturalmente en la sordina con la que maneja ahora el tema de su fervoroso apoyo a la baja de la edad de imputabilidad, aparece con claridad que es lo que se está jugando la sociedad uruguaya en estas elecciones.
Leyendo el programa del Partido Colorado, donde hay una mezcla de cosas que ya se están haciendo, ideas y propuestas, algunas creativas pero todo un hilo conductor, su profundo sentido de derecha, uno se da cuenta que en el otro candidato de la derecha hay solo proclamas de autoayuda, referencias a si mismo y humo, grandes cantidades de humor. Pero es discutible, opinable, serio, mientras del otro lado no hay casi nada. Hay invocaciones al futuro y a la inmediatez del ”ya”, con dos ejes: la demagogia de difundir la vaga idea de que todo se puede y se debe hacer ”ya”, ”ahora” y por otro lado de lavarse olímpicamente las manos de todo el pasado, del horrible gobierno de los 90 que plantó las bombas que le explotaron al Uruguay en la crisis del 2002. En particular en el sistema financiero y bancario.
Las posiciones de Lacalle no son antojadizas, no provienen simplemente de sus tradiciones partidarias, de los dirigentes que lo rodean, de la vieja guardia herrerista, sino de una clara identificación social. Su historia política y sus posiciones expresaron siempre a los sectores sociales más conservadores y más retrógrados del Uruguay. No es un desliz lo que declaro sobre las 8 horas para los peones rurales, es la visión de los viejos estancieros acostumbrados a mandar sobre vidas y hacienda casi sin límites. Esos estancieros que se han ido modernizando, pero que si los dejan volverían al pasado con gran entusiasmo, sobre todo en materia de relaciones laborales.
El otro sector con fuerte influencia histórica es el financiero, aunque muy cambiado por los terremotos del pasado reciente.
Hay un amplio sector empresarial que no le ha ido nada mal con los gobiernos del FA, aunque la diferencia entre los más ricos y los más pobres pasó de 17 veces a 12 veces, la torta creció de tal manera que su porción reducida en algo, les llenó muy bien los bolsillos. Esos votan con la cabeza, con la ideología, prefieren a uno de los suyos para manejar la economía, la represión, las relaciones laborales, el sistema financiero, las empresas públicas, los impuestos y los dineros públicos, la educación y los sillones del poder. Es totalmente comprensible. Muchos de ellos son los que proclaman que las ideologías han muerto, cuando en realidad lo que pretenden es que mueran las ideologías ajenas, diferentes a las propias.
En ese sector empresarial están algunos grupos o personas propietarias de los medios de comunicación que hacen y harán los mayores esfuerzos por reforzar su poder, su influencia. Algunos por las enormes deudas de gratitud acumuladas por las décadas de prebendas y privilegios y otros porque recibieron graciosamente las licencias de los medios electrónicos. En esa materia mejor malo conocido y propio que bueno por conocer.
Nunca hubo menos presiones a los medios y a los periodistas desde el poder, nunca tan fluida relación y tanta transparencia ley mediante -, nunca creció tanto la publicidad del estado y privada, pero mejor prevenirse. La libertad es mejor si es bien propia, casi privada.
Así como en otras notas hemos tratado de precisar y definir los alcances actuales del bloque social, político y cultural de los cambios, este es un primer esfuerzo por aproximarnos a una definición de las fuerzas sociales e ideológicas en pugna.
No creo en las truculencias, en los esquemas prefabricados y por ello convenientes. En política las simplificaciones se pagan y a veces muy caro. En el Uruguay la abrumadora mayoría de las fuerzas políticas son democráticas, se proponen el bien de la nación, aunque con prioridades muy diferentes, tienen sensibilidad social, aunque creen que los caminos para atender a los más débiles y desvalidos o a los trabajadores deben quedar librados al juego más o menos puro del mercado. Siempre y cuando el que se funda no sea un banco, allí se termina abruptamente el libremercado y comienza el ”patriótico” salvataje público.
La derecha son fuerzas democráticas, aunque considero que la baja de la edad de imputabilidad es un peligroso retroceso autoritario y antidemocrático, es una venganza más que un avance legislativo y además negativo, porque no ha dado resultado en ningún lado. Son democráticas, pero las dos fuerzas mayoritarias en los partidos tradicionales asumieron desde hace mucho tiempo que no debe haber ni verdad y menos justicia sobre los crímenes de la dictadura.
Son democráticas, pero mientras la izquierda hizo una revisión crítica de sus posiciones sobre el tema, ellos nunca, absolutamente nunca tuvieron la mínima autocrítica sobre su pasado y en particular su pasado reciente. Y esa es una visión no muy democrática por cierto.
Por último además de los aspectos materiales, hay un mensaje inmaterial subyacente que les viene del pasado y que es el más peligroso de todos: la culpa de todo los que nos pasó, de las crisis y la decadencia es de importación, vino de afuera y los resultados obtenidos en estos 10 años de crecimiento es viento exterior de cola. Ese mensaje ideológico y político es la más profunda definición ideológica. Por ese camino el país irá de nuevo por los mismos derroteros de las crisis y de la decadencia siempre con óptimos comentaristas y explicadores.
En estas elecciones elegimos cargos, pero mucho más importante aún, elegimos un rumbo y un relato histórico y de futuro, basado en las realidades construidas por la gran mayoría de los uruguayos o una enorme y peligrosa humareda.
 



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