EL PARTIDO ROSADO Y LA RESTAURACIÓN NEOLIBERAL
O EL PROGRESISMO AVANZADO
Se concretó la primera ronda que prevé el sistema electoral uruguayo.
Los resultados han marcado el estado de opinión de los uruguayos sobre temas centrales de nuestro país, que exceden largamente el gobierno.
Habrá balotaje y el último domingo de noviembre, se enfrentarán dos concepciones de país, claramente definidas.
Por un lado el Frente Amplio, con José Mujica y Danilo Astori, encarnando el proyecto del cambio que llevó adelante el primer gobierno de izquierda de la historia del Uruguay, y por el otro el acuerdo político de la derecha uruguaya, encarnado por el apuradísimo acuerdo, sin negociación de ningún tipo, entre Luis Alberto Lacalle y el renovado líder colorado, Pedro Bordaberry.
Esa es la disyuntiva real e ineludible. Las fuerzas de la izquierda no alcanzaron para el triunfo en primera vuelta, pero las fuerzas de la derecha no alcanzan, aún unidas para derrotar al cambio. En eso se está.
A ello hay que unir que los dos plebiscitos que se sometieron a consideración de la ciudadanía, no han sido aprobados. La anulación de la Ley de Caducidad, quedó al borde de la aprobación, habrían faltado dos puntos. Es una derrota que duele. Duele por la democracia, por la sensibilidad, por la dimensión ética que plantea. No se logró romper el cerco de silencio a tiempo; a pesar de todos los avances logrados, hay sectores de la ciudadanía a los que no se les ha podido llegar.
Hay que asumir el pronunciamiento ciudadano, pero también decir con claridad que el reclamo de verdad y justicia no cesa y que se seguirá buscando por todos los caminos, como hasta ahora. Sin pausa, sin renunciamientos y con la misma convicción democrática.
La derrota del voto epistolar es también un golpe a la unidad de la nación uruguaya en toda su dimensión y una derrota al avance de los derechos para todas y todos los uruguayos. No es el fin del camino, pero es una señal, muy clara además, de todo lo que falta.
El Frente Amplio, sin contar los votos en observados obtuvo el 48,3%, y es, a pesar de que la cobertura televisiva no lo refleje, el partido más votado del Uruguay. Con casi 20 puntos de ventaja sobre el segundo, que es el Partido Nacional y con 30 puntos de ventaja sobre el tercero, que es el Partido Colorado.
El Frente Amplio llega al balotaje con un 48,3% de los votos, el Partido Nacional registró una de sus derrotas más importantes, alcanzando apenas cerca de un 28,7% de los votos. En todo caso, el Partido Colorado festeja un insólito 17% que lo deja fuera de la competencia, salvo por el apoyo suyo al voto rosado.
Con un 48,3% de los votos, el Frente Amplio quedó en inmejorable situación para ganar un balotaje, que los votantes de esta fuerza política aún no pueden comprender. A las puertas de ganar en segunda vuelta, el Frente Amplio se apresta a conseguir el segundo gobierno nacional con mayoría parlamentaria absoluta.
La derrota de los partidos tradicionales ha sido importante pero menor que en las elecciones pasadas. Juntos no logran el 46%, contra el 44,6% del 2004. De todos modos, el Frente Amplio vuelve a ser el partido más votado del Uruguay y sigue siendo una posibilidad concreta obtener la mayoría parlamentaria. Hay un triunfo político del Frente Amplio que es innegable, pero no alcanzó para consolidarlo en primera vuelta.
Hay “enormes estímulos para el camino a la victoria”, dijo Danilo Astori, mientras la gente en la calle gritaba “sí, se puede”. “Hay 30 días de entrega” subrayó el candidato presidencial José Mujica. En el otro bando, Pedro Bordaberry que, a pesar de que sacó 30 puntos menos que el FA, fue presentado como “el gran ganador” anunció que personalmente iba a votar al doctor Lacalle en el próximo balotaje, sin condiciones ni acuerdo programático.
Bordaberry aseguró que sólo Lacalle le daba las seguridades que esperaba el Partido Colorado. Agrandado por un 17% , frente a la caída de los blancos que apenas arañan el 29%, Bordaberry se sintió una pieza clave para el futuro balotaje.
Rápidamente quedaron atrás todas las diferencias de campaña, las viriles exhortaciones de Hugo de León que acuso de “traidores” a los colorados que votaran a los blancos. Todo quedó por el camino rápidamente. Ayer, una vez más, quedó clara que solamente unida la derecha tiene alguna oportunidad de derrotar al FA, separada no puede ni siquiera intentarlo.
Astori y Mujica emitieron su último discurso electoral en la noche del domingo, envueltos en una bandera nacional en contraposición a Pedro Bordaberry, cubierto con una bandera del Partido Colorado anunciando su voto para el doctor Lacalle.
El rumbo de la nación está en juego, enfrentando el programa definido a favor de los más desfavorecidos por parte del Frente Amplio y la coalición de la derecha rosada que se compone por Bordaberry, hijo del dictador procesado y el neoliberal, término que el candidato confiesa no entender, Luis Alberto Lacalle.
El Frente Amplio se encuentra a las puertas de un segundo período de gobierno, que debería revalidar su excelente gestión a favor de las mayorías y sobre todo de los más desfavorecidos, que sin embargo no lograron la mayoría en primera vuelta.
Los candidatos del Frente Amplio insistieron en los términos del acuerdo planteados al cierre de la campaña hacia los otros partidos.
Partidarios de blancos y colorados festejaban en la rambla de Pocitos con cánticos en contra del Frente Amplio. Los partidarios del Frente Amplio festejaban en los alrededores del hotel NH Columbia.
El FA, según anunciaron Mujica y Astori, iniciará una rápida discusión para redoblar los esfuerzos en estos 30 días. Lo hará apoyado en la gestión del gobierno de Tabaré Vázquez y también en las propuestas que tiene para profundizar el cambio. Quedó claro ayer que necesitará de un esfuerzo final, aún más intenso y concentrado que el que se realizó en esta campaña. Esta vez no hay lugar para los errores. Es mucho lo que está en juego.
El FA logró una muy buena votación en el interior del país con 11 departamentos en mayoría y votó por debajo de lo esperado en Montevideo y Canelones, pero especialmente en la capital. Son todos datos para tener en cuenta en esta segunda vuelta.
La imagen montada ayer desde la televisión hizo recordar mucho a las internas, aquella noche lo único que dominaba fue el famoso abrazo del balcón, que llevó a que el Partido Nacional cayera sin pausa a partir de allí y quedara con menos del 30% del respaldo ciudadano. El Partido Colorado recuperado, es cierto, pero muy lejos del partido que supo ser y celebrando alborozadamente un tercer puesto.
Más allá de los sentimientos legítimos que involucran la derrota de la anulación de la Ley de Caducidad y la derrota del voto epistolar, es imperioso recentrar el debate político en su eje y ese es, y vale la pena reiterarlo: el enfrentamiento entre el proyecto de cambio y el de la restauración neoliberal. Más clara que nunca está la disyuntiva: AstoriMujica o LacalleBordaberry.
Cuando pase el tinglado mediático y las operaciones marketineras, quedará claro, más allá de que no se haya definido en la primera vuelta, que hay un partido: el FA, que tiene por si solo el respaldo del 48,3% de la ciudadanía; y que otro: el PN, que no llegó al 30% y no puede atribuirse capacidad superior para regir los destinos del país. Es además de una cuestión de proyectos, una cuestión de realismo: neoliberalismo primitivo o progresismo civilizado.
Octubre 28, 2009 a 9:20
[...] The blog Visión Universitaria [es] alludes to this union of the Colorado and National Parties, calling them the “Rosados” (the Pinks). However, even with this support, it does not appear that the National Party candidate will have [...]